
El tope de precios en los combustibles enfrenta límites operativos en México y resulta insostenible para el sector gasolinero, afirma Daniela Ponce, directora de Mi Gasolinera, quien advierte que los acuerdos actuales no reflejan la realidad de costos que enfrentan las estaciones de servicio en el país.
En entrevista, sostiene que el esquema de contención de precios parte de una premisa que no se cumple en la práctica, relacionada con la homogeneidad del mercado. “Sería muy ingenuo pensar que para todos es factible un acuerdo de esa magnitud”, dice, al referirse a las diferencias operativas entre estaciones según su ubicación, logística, volumen de ventas y costos asociados.
La escalada del conflicto en Medio Oriente, particularmente en torno a Irán, presiona los precios del petróleo, que los ha llevado a rebasar la barrera de los 100 dólares por barril, y genera volatilidad en los energéticos a nivel global, lo que impacta directamente en el costo de adquisición de combustibles.
En México, el Gobierno ha respondido con subsidios y acuerdos para contener los precios al consumidor, manteniendo la gasolina regular alrededor de los 24 pesos por litro y el diésel cerca de los 28 pesos. Según un análisis de Banamex, el subsidio a las gasolinas podría costar en este año hasta 18,600 millones de pesos, un monto que no entrará a las arcas públicas.
Ponce advierte que este equilibrio para contener los precios al público se sostiene bajo presión para el sector privado.
Datos de la Procuraduría Federal del Consumidor señalan que el precio promedio nacional de la gasolina regular se ubica en 23.67 pesos por litro, mientras que el diésel ronda entre 28.35 y 28.45 pesos por litro, al cierre de esta edición. Estos niveles se mantienen contenidos frente al contexto internacional, pero no eliminan las diferencias internas en costos.
Costos logísticos
Ponce describe una estructura de precios donde impuestos y costos del producto absorben gran parte del valor, dejando márgenes limitados para las estaciones. “El empresario gasolinero es quien conoce sus márgenes y busca sostener su operación”, afirma.
Señala que el problema no es solo el precio final, sino la viabilidad bajo esquemas de control, ya que compran combustible a precios variables y lo venden sin reflejar esos ajustes. En el diésel, el margen es aún menor y, en algunos casos, cumplir precios implica operar con pérdidas.
“Ellos viven una pérdida”, sentencia, al explicar que existe un desfase entre el momento en que se adquiere el combustible y el momento en que se vende, lo que expone a las estaciones a variaciones de mercado que no pueden trasladar al precio final.
Este fenómeno ya se refleja en el mercado. Reportes recientes indican que el pacto para contener el precio del diésel muestra señales de debilitamiento ante el aumento de costos y los márgenes reducidos para los distribuidores.
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Este artículo se publicó original mente en la revista Energy21. Consulta el artículo completo en la edición de mayo.







