
La energía perfila como el principal foco de tensión en la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) prevista para 2026, en un contexto donde la certidumbre regulatoria, la seguridad energética y la integración regional estarán en el centro de la negociación.
De acuerdo con un análisis del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), el sector energético concentra los mayores riesgos de fricción entre los socios comerciales, debido a las diferencias en políticas públicas, el trato a la inversión privada y las disputas vigentes en el marco del acuerdo.
El documento advierte que la falta de certidumbre en el sector energético mexicano podría escalar como uno de los principales obstáculos en la revisión del tratado, al tiempo que pone en riesgo flujos de inversión y debilita la competitividad de América del Norte frente a otros bloques económicos.
En este escenario, la seguridad energética ha comenzado a desplazar a la transición energética como prioridad regional. Estados Unidos, Canadá y México buscan garantizar el suministro confiable de energía para sostener su base industrial, en un entorno marcado por tensiones geopolíticas y reconfiguración de cadenas de suministro.
En paralelo, los minerales críticos, como el litio y las tierras raras, emergen como un nuevo eje estratégico en la relación trilateral. Estos insumos son fundamentales tanto para la transición energética como para industrias clave, lo que los convierte en un punto de interés creciente dentro de la agenda del T-MEC.
Política energética
El análisis también subraya que la política energética de México será observada con lupa durante el proceso de revisión. Las decisiones en materia de regulación, participación privada y operación del mercado eléctrico tendrán implicaciones directas en la relación comercial con sus socios, particularmente en un contexto donde ya existen consultas formales bajo el tratado.
Asimismo, la integración energética de América del Norte, considerada uno de los principales activos del bloque, enfrenta presiones que podrían derivar en una mayor fragmentación si no se alcanzan acuerdos en temas clave. Esto ocurre en un momento en que el fenómeno del nearshoring ha elevado la relevancia de contar con energía suficiente, competitiva y confiable para atraer inversiones.
No obstante, el documento identifica también oportunidades. La revisión del T-MEC podría abrir la puerta a una mayor inversión en infraestructura energética en México, particularmente en proyectos vinculados a gas natural, electricidad y logística, siempre que se logre un entorno regulatorio más claro y predecible.
Finalmente, el análisis de COMEXI plantea que la revisión del tratado no será únicamente un ejercicio técnico, sino un proceso marcado por definiciones estratégicas sobre el papel de la energía en la competitividad regional, donde México enfrentará el reto de equilibrar su política interna con los compromisos internacionales.
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