
El Gobierno alista el anuncio de una iniciativa que tentativamente llevaría el nombre de “Química Verde”, y que será la apuesta científica para reducir el impacto ambiental de los químicos utilizados durante la fracturación hidráulica (fracking), según nos adelantan fuentes cercanas al proceso.
Esta solución mejora los aditivos empleados en esta técnica, con compuestos de menor impacto, mayor biodegradabilidad y mejores prácticas de manejo, ante la intención del Estado de abrir la puerta al aprovechamiento de sus recursos de gas no convencional, ahora con una mayor participación de empresas privadas.
El proyecto ya sólo espera la autorización del trámite de patente que está en manos del IMPI, y que podría liberarla el próximo mes, según nos cuentan.
Esta iniciativa fue elaborada por el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), junto con un comité de especialistas de la UNAM, UAM, IPN, la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA).
Química Verde podría convertirse en una de las piezas clave para destrabar uno de los debates más complejos del sector energético mexicano, respecto a cómo aprovechar el potencial de gas atrapado en lutitas sin repetir los cuestionamientos ambientales que siempre han acompañado al fracking.
La intención es llevar este desarrollo a una primera prueba piloto, tentativamente en Coahuila o la cuenca de Tampico-Misantla, zonas con potencial gasífero y donde se buscaría demostrar que la fracturación hidráulica puede realizarse bajo nuevos estándares tecnológicos y ambientales.
México importa 75% del gas que consume
El gas natural se ha convertido en un combustible estratégico para México. Es el principal insumo utilizado para la generación eléctrica y representa un elemento fundamental para la industria, particularmente ante la llegada de nuevos parques industriales y polos de desarrollo.
Sin embargo, la producción nacional no alcanza para cubrir la demanda, pues actualmente, las importaciones representan alrededor del 75% del consumo total de gas natural del país, una dependencia que genera vulnerabilidad frente a variaciones internacionales de precios, conflictos geopolíticos y posibles interrupciones en el suministro.
En 2025, México importó aproximadamente 6.8 mil millones de pies cúbicos diarios (MMpcd) de gas natural, de los cuales 80% provino de Texas y 20% de California. El resto de la demanda nacional, alrededor de 2.3 MMpcd, fue atendida por Pemex.
Esta dependencia se ha convertido en una de las razones por las que el Gobierno busca incrementar la producción nacional y aprovechar recursos que permanecen bajo tierra.
El fracking como apuesta energética
México posee importantes recursos prospectivos de gas natural en formaciones no convencionales. De acuerdo con la estrategia para fortalecer la soberanía energética, el país cuenta con alrededor de 83 mil 138 MMMpc en recursos convencionales y 141 mil 494 MMMpc en recursos no convencionales.
El planteamiento oficial es incrementar la producción mediante una combinación de campos convencionales, yacimientos de geología compleja y nuevos desarrollos que permitan aprovechar estas reservas.
Pero para acceder a buena parte de estos recursos sería necesario utilizar técnicas de fracturación hidráulica, una tecnología que permitió a Estados Unidos convertirse en una potencia mundial de hidrocarburos, pero que en México ha enfrentado resistencia por sus posibles impactos ambientales.
Uso de químicos
Química Verde jugará un papel importante, pues la revolución pendiente está en los aditivos. Aunque el fracking suele asociarse con el uso intensivo de químicos, el fluido utilizado en la operación está compuesto principalmente por agua y arena.
Entre 98% y 99.5% del volumen inyectado corresponde a agua y arena, mientras que sólo entre 0.5% y 2% está integrado por aditivos químicos.
Estos compuestos cumplen funciones esenciales, como reducir la fricción, evitar corrosión, controlar bacterias, transportar la arena hacia las fracturas y mejorar la eficiencia de la operación.
La industria identifica entre 600 y más de mil compuestos químicos que pueden utilizarse en fluidos de fracturación hidráulica, aunque un pozo normalmente emplea una mezcla específica de entre 10 y 30 sustancias.
Entre los principales grupos se encuentran el ácido clorhídrico para limpiar el pozo y disolver minerales, los reductores de fricción, como la poliacrilamida, para facilitar el bombeo a alta presión.
Los biocidas, como el glutaraldehído, para evitar microorganismos que pueden afectar la infraestructura. Inhibidores de corrosión, como el etilenglicol, para proteger tuberías. Gelificantes, como la goma guar, para transportar la arena hacia las fracturas.
El reto científico será sustituir o reducir aquellos componentes con mayor impacto y desarrollar soluciones que mantengan la eficiencia técnica sin elevar los riesgos ambientales.
Impacto social
El desarrollo del fracking tendrá que enfrentar una fuerte vigilancia ambiental y social. La asociación civil CartoCrítica documentó que las zonas con potencial para esta actividad abarcan territorios donde habitan más de 6 millones de personas en siete estados, incluyendo alrededor de 877 mil hablantes de lengua indígena y 2 mil 405 ejidos y bienes comunales.
El organismo señala que recuperar apenas 10% de los recursos potenciales requeriría perforar 25 mil 638 pozos y utilizar alrededor de mil 923 millones de metros cúbicos de agua, para obtener un volumen equivalente a aproximadamente 3.7 años de consumo nacional de gas.
La propia estrategia energética reconoce que el aprovechamiento sustentable de estos recursos requiere reducir el consumo de agua potable, reutilizar fluidos, emplear químicos biodegradables, fortalecer los materiales de los pozos y establecer sistemas permanentes de monitoreo ambiental.
Para entender el fracking y la “Química Verde”
- Fracturación hidráulica (fracking)
Técnica para extraer gas o petróleo atrapado en rocas profundas. Consiste en inyectar agua, arena y químicos a alta presión para romper la roca y liberar los hidrocarburos. - Gas no convencional
Gas natural que no fluye fácilmente y está atrapado en formaciones como lutitas (shale). Requiere técnicas como el fracking para ser extraído. - Lutitas (shale)
Rocas sedimentarias de grano fino donde suele encontrarse el gas no convencional.. - Aditivos químicos
Sustancias que se agregan al fluido de fracking (en pequeñas cantidades) para mejorar su funcionamiento: reducir fricción, eliminar bacterias o proteger tuberías. - Fluido de fracturación
Mezcla de agua, arena y químicos que se inyecta en el subsuelo. El agua y la arena representan casi todo el volumen. - Arena (propante)
Material que mantiene abiertas las fracturas en la roca para que el gas pueda fluir hacia el pozo. - Recursos prospectivos
Estimaciones de hidrocarburos que podrían existir en el subsuelo, pero que aún no han sido descubiertos o explotados comercialmente.
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