
América Latina necesita más capital y mecanismos capaces de llevarlo hacia empresas que puedan crecer y resolver problemas sociales y ambientales. Bajo esa premisa nació Vela, fondo regional de inversión de impacto impulsado por CAF–Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe– y gestionado con Sonen Capital y Fondo de Fondos.
CAF aportará 20 millones de dólares como inversión ancla y el vehículo busca alcanzar entre 100 y 150 millones de dólares. Su objetivo financiero es generar rendimientos atractivos y atraer recursos de multilaterales, bancos de desarrollo, inversionistas institucionales y fundaciones.
“La inversión de impacto puede convertirse en una herramienta muy poderosa para movilizar capital privado”, señaló Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de CAF.
Vela concentrará sus inversiones en cinco verticales: reducción de pobreza, inclusión financiera, biodiversidad, economía azul y agricultura regenerativa. La apuesta es combinar retorno financiero con resultados sociales y ambientales medibles y llevar capital a mercados donde el ecosistema de impacto todavía es menos profundo.
Retorno e impacto bajo la misma regla
Una de las innovaciones está en la remuneración de los gestores. El esquema vinculará su compensación no solo con la rentabilidad financiera, sino también con el cumplimiento de objetivos de impacto. “Los resultados deben ser financieramente sólidos, pero también tienen que tener transformación social y tienen que tener impacto ambiental verificable”, explicó Díaz-Granados.
El modelo contempla métricas estandarizadas, verificación independiente y asistencia técnica para que empresas y fondos desarrollen capacidades de medición y reporte. Esa asistencia busca cubrir costos que pueden resultar difíciles para gestores o compañías pequeñas.
La estrategia también es híbrida. Vela podrá destinar hasta 60% del capital a inversiones directas y hasta 40% a fondos. Pretende participar desde venture capital hasta empresas que ya probaron su modelo y requieren recursos para escalar; también contempla deuda cuando resulte más adecuada para el negocio.
Liquidez para crecer
La falta de liquidez es otro problema que el fondo busca atender. Para ello, prevé destinar hasta 50% de sus recursos a inversiones secundarias, tanto en participaciones de empresas como en posiciones de inversionistas o portafolios de fondos existentes.
El mecanismo busca comprar activos con descuento, acortar periodos de inversión y dar salida a inversionistas que necesitan recuperar capital antes de que una empresa concluya su ciclo. “¿Cómo podemos reciclar ese capital?”, planteó Raúl Pomares, fundador y socio de Sonen Capital. La propuesta es que el mercado secundario ayude a liberar recursos sin obligar a vender compañías antes del momento considerado adecuado.
El vínculo con el sector energético está en el contexto en el que surge el vehículo. Díaz-Granados colocó el lanzamiento de Vela en un momento marcado por las transiciones digital, energética y ambiental de América Latina. Sin embargo, energía no aparece como una vertical independiente: sus prioridades expresas son las cinco áreas sociales y ambientales definidas en el mandato.
El fondo se inserta así en la conversación sobre la transición desde el financiamiento de soluciones de impacto alineadas con esas prioridades y capaces de demostrar viabilidad financiera, escalabilidad e impacto verificable. Vela busca que las soluciones apoyadas puedan crecer y replicarse en distintos mercados de América Latina y el Caribe.
El reto, según sus promotores, será sumar inversionistas, identificar proyectos transformadores y apoyar empresas con capacidad de escalar. Como resumió Díaz-Granados, se trata de encontrar emprendimientos que atiendan desafíos de la región y que “al tiempo son rentables financieramente”.
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Este artículo se publicó originalmente en la revista Energy21 de agosto 2026. ¡Consulta la edición completa!







