
La cadena de valor de las estaciones de servicio empieza a resentir el nuevo entorno del mercado. Del lado de la proveeduría, la inversión en proyectos nuevos, equipamiento y expansión registra una caída de entre 10% y 15%, reflejo del cambio de prioridades en el negocio gasolinero.
Así lo advierte en entrevista Ricardo Quiroz, presidente de la AMPES, quien señala que el impacto no está en el cumplimiento regulatorio, que sigue avanzando, sino en las decisiones de crecimiento, afectadas por la guerra en Medio Oriente, el encarecimiento de equipos por disrupciones comerciales y el control de precios.
Menos expansión, más contención
El golpe se concentra en lo que no es urgente, pues mientras las estaciones continúan invirtiendo para cumplir con la normativa vigente, los proyectos de expansión, modernización voluntaria o adquisición de nuevos equipos han quedado en pausa.
“Ahí es donde estamos viendo el impacto”, señala Quiroz. “Lo que no es obligatorio, lo que es para crecer o vender más, se está dejando de lado”.
El sector no está dejando de invertir, pero sí está redirigiendo el gasto hacia lo indispensable. En un entorno de márgenes presionados, cada peso cuenta y el crecimiento pasa a segundo plano.
Tope de precios, presión estructural
Detrás de este ajuste está el efecto acumulado del control de precios en combustibles. Aunque el sector ha acompañado los compromisos del gobierno, desde la proveeduría se advierte que el esquema será difícil de sostener en el tiempo. “El gasto operativo es elevado y la carga regulatoria también. Es algo que en el corto plazo puede sostenerse, pero no a mediano plazo”, apunta Quiroz.
Con menores márgenes, las estaciones buscan optimizar costos y posponen inversiones no esenciales, lo que reduce la demanda de nuevos proyectos para proveedores.
Sin embargo, el mismo entorno regulatorio también abre oportunidades. La actualización de normas, en particular la NOM-023 de la ASEA, generará demanda de servicios técnicos, evaluaciones y adecuaciones operativas en los próximos meses.
AMPES, que agrupa a más de 80 empresas proveedoras de equipamiento para gasolineras, estima que este dinamismo podría impulsar un crecimiento de 10% en el segmento durante el año. El reto será ofrecer soluciones para que las 14,000 estaciones del país cumplan sin elevar significativamente sus costos.
Transición normativa, el gran desafío
La NOM-023 es el eje de esta transformación. Considerada la norma central para estaciones de servicio, implicará una transición compleja desde el marco actual hacia nuevos estándares en seguridad operativa y protección ambiental.
El proceso no será inmediato, ya que habrá un periodo de alrededor de seis meses para que las estaciones se adapten, en paralelo con la acreditación de nuevas unidades de verificación.
Para los proveedores, esto implica una ventana de oportunidad, pero también una exigencia técnica mayor de no solo vender equipos o servicios, sino integrar soluciones completas alineadas con la nueva regulación.
Costos al alza por factores externos
A este entorno se suma el encarecimiento de insumos. Con cerca de 80% del equipamiento de estaciones proveniente del extranjero, cualquier disrupción internacional, desde tensiones geopolíticas hasta aumentos en materias primas, impacta directamente en los costos.
“El tema de importaciones nos está pegando”, reconoce Quiroz. “Cuando suben los energéticos, toda la cadena se encarece”. Pese a la contracción en proyectos nuevos, la proveeduría no habla de crisis, sino de reconfiguración: el sector sigue operando, invirtiendo y cumpliendo, pero con eficiencia primero y expansión después.
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Esta nota se publicó originalmente en la revista Energy21 edición junio 2026. ¡Consulta la edición completa!






