
La operación de ductos siempre ha generado datos. Presión, flujo, compresión, mantenimiento, calidad del gas y comportamiento de los activos producen información de manera constante. El reto para el midstream mexicano ya no es únicamente capturarla, sino convertirla con rapidez en decisiones que ayuden a operar con mayor seguridad, confiabilidad y eficiencia.
Para Javier Barella, vicepresidente para Latinoamérica de AVEVA, ahí se encuentra una de las principales transformaciones que puede aportar la inteligencia industrial. La tecnología, explica, ha hecho que las operaciones sean “más eficientes, más seguras y más rápidas”, pero el cambio central está en el tiempo necesario para entender lo que ocurre dentro de una instalación.
“Todo lo que cambió la tecnología en los últimos años es el tiempo. Es la detección temprana de potenciales anomalías”, afirmó Barella en entrevista durante AVEVA Day México 2026.
De explicar la falla a anticiparla
Durante años, el análisis operativo se concentró en entender qué había ocurrido después de un incidente. Barella lo describe como una etapa dominada por los análisis post-mortem y la estadística descriptiva. Ahora, la tecnología avanza hacia esquemas predictivos y prescriptivos.
“Quiero entender qué es lo que puede llegar a pasar”, explicó. El siguiente paso consiste en utilizar la información para anticipar fenómenos con mayor tiempo y actuar antes de que una anomalía derive en una falla.
En el transporte de gas, esa capacidad puede aplicarse a la integridad de los activos y la seguridad. Barella identifica tres variables principales: “la estanquedad, la integridad de los ductos y la calidad del gas que se está distribuyendo”. Integrar esa información permite reducir pérdidas y problemas, además de prolongar la vida útil de la infraestructura.

Muchos datos, una misma lectura
Sin embargo, disponer de información no resuelve por sí solo el problema. Uno de los principales obstáculos está en su volumen y fragmentación. “Es tanta la cantidad de datos que se tienen que analizar” que integrarlos en una sola plataforma puede resultar complejo, señaló Barella.
A ello se suma un componente cultural: adoptar nuevas herramientas y destinar recursos para hacerlo. El reto es simplificar la información sin perder capacidades operativas.
La integración cobra mayor relevancia cuando participan distintos actores. Para Barella, una ventaja de la tecnología es que “todos estén viendo los mismos números”, con una lectura común sobre cuánto se genera, transporta y llega al usuario.
Datos para decidir dónde invertir
El aprovechamiento de datos también puede mejorar la planeación de nueva infraestructura. Frente a esquemas basados en proyecciones de largo plazo, Barella señala que la información operativa permite hacer cálculos más precisos antes de comprometer capital.
“La tecnología te ayuda a calibrar mejor la toma de decisiones e inversiones”, afirmó. Esto permite evaluar si conviene invertir de inmediato, mantener capacidad excedente o monitorear la demanda antes de ampliar un activo.
En experiencias internacionales conocidas por Barella, la aplicación de estas herramientas ha mostrado eficiencias de entre 20% y 30% en aspectos relacionados con emisiones, calidad del gas, distribución e integración operativa. El directivo aclaró que se trata de casos observados en otros mercados, no de una estimación específica para México.
El avance, además, no depende únicamente del software. Para Barella, tecnología y decisiones humanas permanecen vinculadas. “La tecnología en conjunto con la mejora de decisiones humanas es lo que genera esos beneficios”, señaló.
El sector energético, concluyó, siempre ha producido enormes volúmenes de información. La diferencia es la posibilidad de procesarla cuando todavía puede modificar una decisión: “El problema es que muchos datos no son digeribles en tiempo y forma”.
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Este artículo se publicó originalmente en la revista Energy21 de septiembre 2026. ¡Consulta la edición completa!








