
La aprobación del Protocolo de Kioto en 1997, basado en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, impulsó compromisos para limitar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y promovió un mayor uso de energías renovables como la solar, eólica, geotérmica y biomasa.
Sin embargo, el consumo energético mundial continúa dominado por fuentes fósiles. Estudios recientes estiman que el carbón y el petróleo representan 29% cada uno, seguidos por el gas con 23%, la electricidad con 10%, la biomasa con 9% y otras fuentes de calor con cerca de 1%.
Este panorama cambia ante mayores tensiones geopolíticas, disrupción tecnológica y riesgos climáticos.
Balance energético para México
El transporte concentra gran parte del consumo de derivados del petróleo, mientras que el sector eléctrico enfrenta retos logísticos asociados con generación, transmisión, distribución y consumo. A ello se suma la transición hacia fuentes más limpias para la movilidad, como electricidad, gas natural, gas natural licuado y biocombustibles, dentro de esquemas vinculados con la economía circular.
La electrificación del transporte puede contribuir al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. De acuerdo con estimaciones de la ONU, entre 2016 y 2050 podría reducir hasta 2.4 gigatoneladas de CO₂ y generar ahorros cercanos a 85,000 millones de dólares en combustibles.
El mercado de la movilidad eléctrica
La movilidad eléctrica o electromovilidad comprende los medios de transporte que utilizan propulsión eléctrica de forma total o parcial, como bicicletas, motocicletas, trenes, vehículos y otros sistemas, junto con la infraestructura de recarga y las tecnologías de comunicación asociadas.
Estos vehículos pueden almacenar energía en baterías o recibirla directamente de la red, como ocurre en el Metro o el trolebús. También incluye soluciones basadas en hidrógeno, mediante celdas de combustible que generan electricidad para alimentar el sistema de propulsión.
Frente a ello, un vehículo a gasolina puede alcanzar una eficiencia global de hasta 25%; el resto de la energía se pierde principalmente en forma de calor y fricción dentro del motor.
El avance de la electromovilidad también depende de la infraestructura de recarga, vinculada a la red de la CFE y a la participación del sector privado, que en conjunto suma actualmente más de 60,000 estaciones de carga.
Sin embargo, existen todavía algunos retos para la electromovilidad en México.
- Infraestructura de carga insuficiente: México enfrenta la falta de una red de carga eléctrica suficientemente desarrollada para respaldar una adopción masiva de VE.
- La autonomía de desempeño de carros completamente eléctricos es limitada y requiere de recargas.
- Falta de capacidad instalada en carreteras para centros de carga lo que favorece la compra más de vehículos híbridos.
- Genera un estrés eléctrico que hace que la demanda de electricidad aumente en determinados lugares y horas, lo que obliga a ampliar la red eléctrica por parte de la CFE.
- Instalaciones para consumidores en casa que obliga a arremetidas de 220v.
- Poca o baja oferta en vehículos de carga pesada para el transporte de mercancías y personas a lo largo del territorio.
Conclusiones
Aunque la electromovilidad avanza en México, especialmente mediante vehículos híbridos, su crecimiento requiere una política pública que incentive, junto con la iniciativa privada, el desarrollo de más nodos de recarga.
La expansión debe acompañarse de una planeación que integre energías renovables y facilite la instalación de puntos de conexión a lo largo de la infraestructura carretera del país. Para ello será necesario ampliar los puntos de interconexión que permitan llevar la electricidad hasta las estaciones de carga.
Este desarrollo también debe incorporar principios de economía circular para reducir emisiones de CO₂ y otros gases de efecto invernadero.
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Esta columna se publicó originalmente en la edición de septiembre de la revista Energy21. ¡Consulta la edición completa!










