
Ante el crecimiento del nearshoring, la transición hacia energías limpias dejó de ser un compromiso ambiental para convertirse en un factor de competitividad en los parques industriales mexicanos. Para las empresas que buscan integrarse a cadenas globales de suministro, la energía renovable ya representa un requisito que influye en la atracción de inversiones.
En entrevista con T21, Juan Pablo López Greenham, CEO de Energías Renovables Bioenergy, explicó que el avance de la relocalización de las líneas productivas en México está elevando la demanda de infraestructura energética con menores emisiones de carbono, suministro confiable y costos competitivos.
“Las empresas que llegan a México piden energía de calidad, a buen precio y que sea limpia. Hoy existe una trazabilidad que ya mide cómo fabricas, cómo transportas y cuál es el impacto ambiental de toda la cadena de suministro”, detalló.
El directivo señaló que uno de los principales retos para el país no es únicamente incrementar la generación eléctrica, sino fortalecer las líneas de transmisión para responder al crecimiento industrial, especialmente en el corredor que va del bajío hacia la frontera norte, donde se concentra gran parte de los proyectos asociados al nearshoring y a la logística.
Crece la demanda eléctrica industrial
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Parques Industriales Privados (AMPIP), los 477 parques que operan actualmente en el país requieren una capacidad instalada de 17 mil 708 megawatts (MW), mientras que los 103 parques que se encuentran en construcción demandarán otros tres mil 456 MW entre 2026 y 2029.
La reciente ampliación del esquema de generación distribuida, que permite proyectos de autoconsumo de hasta 20 MW, abre nuevas oportunidades para que los parques industriales produzcan una mayor proporción de su propia electricidad sin depender totalmente de la red nacional.
López Greenham sostuvo que este cambio regulatorio impulsará una nueva etapa para las instalaciones fotovoltaicas industriales, particularmente en techos de naves, estacionamientos y sistemas híbridos, que combinan paneles solares, almacenamiento en baterías y generación mediante gas natural.

La Ley del Sector Eléctrico, publicada en el Diario Oficial de la Federación en marzo de 2025, elevó el límite de generación distribuida sin necesidad de permiso de 500 a 700 kilovatios (kW) y abrió la figura de autoconsumo interconectado para proyectos de entre 0.7 y 20 MW. La Comisión Nacional de Energía (CNE) formalizó los requisitos para este último esquema, lo que en la práctica multiplica la escala de los proyectos que las empresas pueden instalar dentro de sus plantas.
Ese salto, indicó el especialista, viene acompañado de una exigencia técnica: los proyectos de mayor capacidad deben incorporar sistemas de almacenamiento BESS (Battery Energy Storage System), equivalentes a 30% de su capacidad instalada con respaldo de tres horas, para no generar intermitencia en la red de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Ese mismo almacenamiento, agregó, permite a las plantas reducir el llamado “peak shaving” —el pico de consumo que se dispara al arrancar motores— y ajustar su facturación cargando energía en horario base para descargarla en horario punta.
Como ejemplo de lo que ya se hace en el país, el directivo detalló la instalación que la empresa hizo para BorgWarner en El Salto, Jalisco, que consistió en un techo solar fotovoltaico impermeable que sustituyó láminas industriales por módulos que generan energía, permiten el paso de luz natural y tienen una vida útil de varias décadas, lo que contribuye a reducir los costos operativos de las compañías.
Las zonas con mayor penetración de este tipo de energía son Santa Catarina, Guadalupe, Apodaca, Monterrey y Chihuahua, además de Querétaro, Aguascalientes y Guanajuato, donde se ha invertido principalmente en sistemas solares fotovoltaicos bajo el esquema de generación distribuida.
En cuanto a la energía ya generada, aclaró que la electricidad producida, por ejemplo, en un parque solar de Sonora, no viaja físicamente hasta una planta en Guadalajara. Se inyecta a la red nacional y se consume de manera local, mientras la CFE cobra un cargo de porteo por el uso de su infraestructura de transmisión, independientemente de la distancia.
Es justamente el estado de esa red lo que López Greenham identifica como el principal cuello de botella para que más parques industriales puedan integrar esquemas híbridos de energía limpia.
Para el directivo, la adopción de energías renovables en los parques industriales aún es incipiente, pese al avance de los últimos años. Sin embargo, consideró que en los siguientes cinco años habrá un crecimiento en la adopción de renovables dentro de los parques industriales, siempre que se resuelvan dos pendientes: esquemas de financiamiento más accesibles —arrendamiento, créditos o contratos PPA (acuerdo de compraventa de energía eléctrica, generalmente renovable, entre un productor y un comprador) sin inversión directa de las empresas— y trámites de interconexión más ágiles ante la CFE y la CNE.
Según el Plan de Desarrollo del Sector Eléctrico (Pladese) 2025-2039, el país añadirá 19 mil 954 MW en renovables y cinco mil MW en almacenamiento hacia 2030.
El 58% de esa capacidad será solar, 22% eólica y el 20% restante corresponderá a baterías, por lo que este proyecto marca una hoja de ruta que busca habilitar una mayor penetración de energías verdes en el país, con miras a consolidar a México como uno de los mercados con mayor volumen de capacidad renovable en planificación activa de América Latina.
Esta nota se publicó originalmente en T21.
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