
La discusión sobre la electromovilidad en México suele centrarse en la reducción de emisiones, pero para que esta transición también fortalezca la competitividad del país es necesario resolver desafíos estructurales como la generación de electricidad, la infraestructura de carga y la modernización del transporte público.
Para David Bonilla, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la electrificación del transporte no puede analizarse de manera aislada, ya que su impacto económico dependerá de la capacidad del país para desarrollar la infraestructura y políticas públicas necesarias que acompañen esta transformación.
En entrevista con T21, explicó que, en el transporte de carga, el ferrocarril mantiene una ventaja en costos por tonelada movilizada; sin embargo, el incremento en la capacidad de los tractocamiones, particularmente los de doble remolque, ha reducido esa diferencia y presionado la competitividad del modo ferroviario.
“Los trenes sí pueden tener muchísimos beneficios que van más allá de los costos, como reducir el número de accidentes en carretera, disminuir la contaminación local y también las emisiones de dióxido de carbono (CO2)”, señaló.
Bonilla consideró que México avanza con lentitud en la adopción de vehículos pesados eléctricos frente a mercados como China o Alemania, donde este tipo de tecnologías ya comienza a utilizarse en operaciones comerciales.
Explicó que uno de los principales retos de los tractocamiones eléctricos es el tamaño y peso de las baterías, lo que limita su autonomía y eficiencia en unidades de gran capacidad. Por ello, estimó que la electrificación avanzará primero en vehículos de reparto urbano y última milla, donde las necesidades de autonomía son menores.
No obstante, advirtió que el mayor desafío no es únicamente tecnológico.
“No tenemos suficiente generación de electricidad en el país si hubiera un incremento repentino en la demanda de electricidad”, afirmó.
A ello se suma, dijo, la disponibilidad limitada de minerales estratégicos como el litio para fabricar baterías, por lo que México requiere una política industrial que identifique y atienda estos cuellos de botella antes de que la electrificación alcance una mayor escala.
Electromovilidad requiere una visión integral
Además del transporte de carga, Bonilla consideró que la discusión sobre la electromovilidad no debe limitarse a sustituir vehículos de combustión por eléctricos.
El especialista señaló que uno de los aspectos menos discutidos es que la electrificación, por sí sola, no resolverá problemas como la congestión urbana si no va acompañada de una mayor inversión en transporte público.
“La transición hacia la electromovilidad tiene ese talón de Aquiles de que no resuelve el problema espacial”, sostuvo.
En ese sentido, afirmó que debe tomarse en cuenta la electromovilidad de forma integral, como la sustitución gradual de unidades de transporte público que operan con diésel o gasolina por autobuses híbridos o eléctricos, así como la expansión de sistemas de transporte masivo donde exista suficiente demanda, lo que contribuiría a reducir emisiones y mejorar la movilidad en las ciudades.
Respecto a las fuentes de energía que deberían acompañar la transición, Bonilla indicó que la electrificación no implica depender exclusivamente de energías renovables. Explicó que, debido a su carácter intermitente, tecnologías como la solar o la eólica necesitan complementarse con otras fuentes de generación que garanticen el suministro eléctrico.
Asimismo, destacó el potencial de la generación distribuida para que hogares y empresas produzcan parte de la electricidad que consumen y puedan alimentar vehículos eléctricos con energía propia. Sin embargo, consideró indispensable desarrollar incentivos regulatorios y económicos que permitan acelerar estos esquemas.
Finalmente, advirtió que retrasar la modernización del transporte tiene costos que normalmente no se contabilizan, como mayores gastos en salud derivados de la contaminación, una mayor dependencia de combustibles fósiles, el incremento de las emisiones y pérdidas económicas asociadas a la congestión.
“Si tienes un sistema de transporte público eficiente, los viajes van a ser más rápidos y vas a poder distribuir el tiempo de tu vida diaria de una mejor manera”, subrayó.
La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) reportó, a finales de 2025, que había 82 vehículos eléctricos en el servicio de autotransporte federal de carga, cifra que apenas representaba el 0.01% de las más de 762 mil 800 unidades que en ese entonces integraban esta flota.
Además, la infraestructura de carga para vehículos eléctricos en México creció 26% a tasa anual al cierre de 2025, al sumar 56 mil 726 posiciones de carga públicas y privadas, según el Barómetro de Electromovilidad de la Electro Movilidad Asociación (EMA), lo que refleja que hay una creciente adopción de autos eléctricos.
Esta nota se publicó previamente en nuestro medio hermano T21
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