Este martes arrancó en la Ciudad de México la tercera ronda de conversaciones bilaterales entre México y Estados Unidos en el marco de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un encuentro que se extenderá durante tres días y que estará marcado por la disputa arancelaria que enfrenta a ambos socios comerciales.
Las negociaciones abordarán temas relacionados con los aranceles al acero, aluminio y sus derivados, la industria automotriz, la seguridad económica, así como asuntos laborales y agrícolas, considerados estratégicos para la relación comercial entre ambos países.
De acuerdo con un análisis de Grupo Financiero Base, uno de los principales objetivos de la delegación mexicana será lograr una reducción o moderación de los aranceles sectoriales que actualmente afectan a la industria manufacturera nacional, particularmente a sectores clave como el automotriz y el siderúrgico.
Persisten riesgos comerciales
Sin embargo, el escenario de negociación ocurre en medio de nuevas señales de endurecimiento de la política comercial estadounidense.
Grupo Financiero Base advirtió que los aranceles temporales de 10% impuestos bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 vencerán el próximo 24 de julio, por lo que existe la posibilidad de que la administración del presidente Donald Trump anuncie nuevas medidas para sustituirlos.
Entre los riesgos identificados se encuentra la eventual imposición de nuevos aranceles a las importaciones provenientes de México, situación que podría incrementar la incertidumbre sobre el comercio bilateral y generar episodios de volatilidad en los mercados financieros.
La firma señaló que el peso mexicano recortó parte de sus ganancias durante la jornada luego de que Greer adelantara que Washington anunciará próximamente nuevos aranceles derivados de investigaciones relacionadas con trabajo forzoso realizadas bajo la Sección 301. Según el funcionario estadounidense, las medidas abarcarían a alrededor de 60 países.
Canadá, bajo presión
En paralelo, Estados Unidos anunció recientemente nuevos aranceles a importaciones procedentes de Canadá, argumentando prácticas que considera discriminatorias contra productos estadounidenses.
Entre los señalamientos destacan restricciones a bebidas alcohólicas de origen estadounidense en algunas provincias, mayores facilidades para productos lácteos provenientes de la Unión Europea y mecanismos que favorecen la producción automotriz canadiense.
Aunque productos estratégicos como petróleo, gas, minerales críticos, acero, aluminio y automóviles quedarían excluidos de las nuevas tarifas, Washington endureció su postura al establecer que las mercancías sujetas a los nuevos aranceles no podrán acceder a las preferencias comerciales del T-MEC, aun cuando cumplan con las reglas de origen del acuerdo.
Para los analistas, esta medida representa una señal de que Estados Unidos está dispuesto a utilizar los aranceles como herramienta de presión en las negociaciones comerciales regionales.
Negociación, antes que confrontación
Pese al aumento de las tensiones comerciales, Grupo Financiero Base considera que el endurecimiento del discurso podría formar parte de una estrategia de negociación más que de una decisión definitiva.
La institución recordó que en ocasiones anteriores Trump ha amenazado con imponer aranceles de gran magnitud que posteriormente fueron modificados, suspendidos o eliminados tras negociaciones bilaterales o por presiones de los mercados.
En ese contexto, las conversaciones que inician esta semana en la Ciudad de México serán observadas de cerca por la industria manufacturera y los mercados financieros, ya que podrían definir el rumbo de la relación comercial de Norteamérica en un momento de creciente incertidumbre para las cadenas de suministro regionales.
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