Braskem Idesa, uno de los principales productores de polietileno de México, inició un proceso ante la Ley de Quiebras, bajo el Chapter 11 en Estados Unidos, debido a una deuda de aproximadamente 3 mil 600 millones de dólares, además de más de 180 millones de dólares en intereses acumulados y no pagados.
La situación de la empresa se debe a una crisis que combinó el deterioro del mercado petroquímico, la falta de etano y una severa restricción de liquidez.
La empresa, propiedad de la brasileña Braskem y Grupo Idesa, inició el 17 de agosto un proceso de reestructura para reducir su deuda financiada en más de 920 millones de dólares y reorganizar su estructura de capital.
El plan contempla mantener las operaciones del complejo petroquímico ubicado en Nanchital, Veracruz, y llevar su producción nuevamente hacia niveles cercanos a su capacidad de diseño.
Desde la segunda mitad de 2022, Braskem Idesa enfrentó un prolongado ciclo bajista de la industria petroquímica, menores márgenes y, al mismo tiempo, una creciente dificultad para obtener el etano que necesita como principal materia prima.
De acuerdo con el documento presentado ante la corte de Quiebras en Estados Unidos, el suministro de Pemex cayó de 49 mil barriles diarios en 2019 a 29 mil en 2021, 17 mil en 2025 y apenas 14 mil barriles diarios en lo que va de 2026.
La caída obligó a la compañía a modificar por completo su estrategia de abastecimiento y sustituir parte del etano nacional por importaciones, principalmente desde Estados Unidos.
El cambio tuvo un impacto directo sobre sus costos, ya que el costo integral del etano, incluyendo molécula, transporte, importación y otros gastos, pasó de 124 dólares por tonelada en 2019 a 380 dólares en 2026, después de haber alcanzado un máximo de 472 dólares en 2022.
Pemex la llevó a la quiebra
Para Ramsés Pech, especialista en energía, el papel de Pemex fue determinante en el deterioro financiero de Braskem Idesa.
Pech señala que la petrolera estatal no entregó el volumen de etano pactado originalmente y que esto golpeó directamente a una planta cuya operación depende de esa materia prima. La menor disponibilidad redujo la capacidad de producción y, con ello, los ingresos y el flujo de efectivo de la compañía.
El especialista destaca que sin etano, la planta no produce; sin producción, no hay flujo; y sin flujo, la empresa colapsa.
Según Pech, el incumplimiento en el suministro generó además paros, pérdidas y penalizaciones contractuales, deteriorando todavía más la liquidez y obligando a la empresa a recurrir a mayor endeudamiento para sostener sus operaciones.
“Pemex era el único proveedor viable. Cuando Pemex falló, toda la estructura financiera de Braskem Idesa se vino abajo”, plantea el experto.
El acuerdo original contemplaba que Pemex suministrara 66 mil barriles diarios de etano durante 20 años. Sin embargo, ante la imposibilidad de mantener ese volumen, ambas partes modificaron el contrato en 2021 y redujeron en más de 50% las obligaciones de suministro de la petrolera.
La propia documentación histórica de Braskem Idesa ya había identificado la menor disponibilidad de etano de Pemex como una causa de la operación a menor capacidad y de incumplimientos relacionados con hitos del proyecto.
El etano importado, otro problema
Braskem Idesa desarrolló una estrategia de importación para compensar el desplome del suministro nacional. Primero recurrió a un esquema terrestre para transportar etano desde el puerto de Coatzacoalcos y posteriormente construyó, junto con Advario, una terminal especializada en Laguna de Pajaritos.
La infraestructura tiene capacidad para almacenar aproximadamente 54 mil toneladas de etano y transportar hasta 80 mil barriles diarios, suficiente para cubrir las necesidades actuales del complejo.
Pero el remedio resultó mucho más caro. Además del precio de la molécula, la empresa tuvo que absorber costos de transporte, buques, importación, primas y cargos aduanales. En 2026, la mayor parte de su suministro de etano provenía de mercados internacionales a través de la nueva infraestructura.
La terminal, cuyo financiamiento alcanzó 408 millones de dólares, también enfrentó retrasos en hitos de terminación y llegó a caer en incumplimiento bajo su acuerdo de crédito. Los acreedores tuvieron que otorgar acuerdos de forbearance para no ejecutar garantías sobre la infraestructura y las participaciones de Braskem Idesa y Advario en la sociedad propietaria del proyecto.
Mientras aumentaban los costos de materia prima, el mercado petroquímico atravesaba un prolongado periodo de bajos márgenes.
Al momento de solicitar el Chapter 11, la empresa tenía alrededor de 17 millones de dólares en efectivo, mientras sus cuentas por pagar acumulaban más de 150 días en promedio. La compañía tenía más de 400 proveedores, algunos de los cuales llevaban más de un año sin cobrar.
Braskem financió a su propia filial
Ante la falta de liquidez, los accionistas y acreedores aportaron recursos para mantener con vida a la empresa.
Inbursa otorgó 34 millones de dólares adicionales en octubre de 2025, mientras Braskem Netherlands aportó otros 25 millones de dólares en marzo de 2026 y posteriormente proporcionó una línea de capital de trabajo por 101 millones de dólares.
En total, el financiamiento de emergencia de Braskem alcanzó 126 millones de dólares durante 2026.
Pero ni siquiera estos recursos fueron suficientes para resolver el problema estructural.
La empresa dejó de pagar intereses sobre diferentes créditos y bonos entre finales de 2025 y 2026, mientras sus acreedores optaron por no acelerar inmediatamente los vencimientos ni ejecutar las garantías. El camino terminó siendo una reestructura negociada y, finalmente, el Chapter 11.
Rescate de 409 millones de dólares
El proceso de bancarrota estadounidense no está planteado como una liquidación. Braskem Idesa obtuvo compromisos para un financiamiento DIP (debtor-in-possession) de 409 millones de dólares, de los cuales 279 millones representan capital incremental para normalizar el capital de trabajo y elevar la producción.
La compañía prevé realizar un primer desembolso de 230 millones de dólares, con el objetivo de casi triplicar la utilización del complejo respecto de sus niveles recientes.
El objetivo es recuperar la capacidad productiva de una instalación que, pese a sus problemas financieros, sigue siendo considerada uno de los activos petroquímicos de menor costo del mundo.
El plan contempla además reducir la deuda financiada en más de 920 millones de dólares. Los acreedores recibirán una combinación de capital y aproximadamente mil 600 millones de dólares en nuevos bonos garantizados, mientras Braskem aportará nuevo capital y conservará una participación relevante en la empresa reorganizada.
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