
Los usuarios de gasolina Premium han sido los más afectados por el aumento en los precios internacionales del petróleo, derivados de la guerra entre Estados Unidos e Irán, ya que en menos de seis meses, su costo subió 11%, mientras que quienes usan Regular apenas lo han resentido.
La diferencia se debe a qué tan protegido está cada combustible por el Gobierno frente al mercado internacional, y en ese reparto, la Premium es la que menos escudo fiscal recibe mediante los estímulos del IEPS en combustibles, señala un análisis de la consultoría Caraiva y Asociados.
Entre el 28 de febrero y el 15 de agosto, la gasolina Premium pasó de 25.70 a 28.52 pesos por litro. En ese mismo periodo, la Regular subió apenas 0.7% y el diésel avanzó 2.5%.
La razón está en el IEPS, el impuesto que el gobierno usa como amortiguador para frenar el traslado de los aumentos internacionales al consumidor. En la gasolina Regular, esa protección absorbió prácticamente todo el golpe; en Premium, el estímulo se mantuvo casi sin cambios, así que el alza en las terminales de distribución, de 21.3% en el periodo, llegó de forma casi directa al surtidor.
El diésel, al límite de su margen fiscal
En materia de Diésel, aunque su precio al público se ha mantenido casi estable, ha sido a costa de vaciar casi por completo el subsidio, pues el IEPS de este combustible cayó 69% en el periodo, de 7.36 a 2.28 pesos por litro, el mayor recorte fiscal entre los tres combustibles.
El análisis advierte que ese margen está prácticamente agotado. Si el precio en terminal sube apenas dos pesos más por litro, el IEPS requerido para sostener el precio caería a 0.16 pesos, virtualmente cero, y un alza de cuatro pesos obligaría al Gobierno a aplicar un subsidio directo, con IEPS en terreno negativo.
El diésel es también el combustible que más ha subido en terminal durante el periodo, con un incremento de 53.8%, muy por encima de Regular, con 12.8%, y Premium, con 21.3%.
Parte de este efecto se debe a que Rusia prohibió desde el 8 de julio la exportación de diésel para abastecer su mercado interno, luego de que ataques con drones dejaran fuera de línea hasta 42% de su capacidad de refinación.
El resultado es que el mercado global de diésel sigue tensionado aun cuando el crudo ha cedido terreno, lo que explica por qué este combustible se ha desacoplado del comportamiento del petróleo en las últimas semanas.
A esto se suma que el Estrecho de Ormuz, la ruta marítima de mayor tránsito petrolero del mundo, lleva 168 días cerrado desde el 28 de febrero, sin que Irán y Estados Unidos hayan firmado un acuerdo. El mercado asigna apenas 16.5% de probabilidad a que se normalice antes de que termine agosto.
50 mil millones de pesos en riesgo
El costo fiscal de sostener estos subsidios podría superar los 50 mil millones de pesos si el conflicto en Medio Oriente se prolonga, de acuerdo con el análisis.
El documento plantea tres escenarios para diciembre de 2026. Uno de distensión plena, con 20% de probabilidad; uno de distensión parcial, con 55% y considerado el más probable; y uno de conflicto persistente, con 25% de probabilidad, este último con un costo fiscal adicional de entre 35 mil y 50 mil millones de pesos solo entre agosto y diciembre.
El peso mexicano, en su mejor nivel del año con 17.02 unidades por dólar, ha amortiguado parte del golpe al abaratar la importación de refinados, pero el análisis advierte que ese colchón cambiario no será suficiente si el diésel sigue absorbiendo la presión del mercado internacional sin que le quede espacio fiscal de respaldo.
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