
El viaje puede estar programado, la carga esperando y el cliente pendiente de la entrega. Pero si algo no está bien, el camión no se mueve. Una falla en los frenos o en el sistema de monitoreo satelital basta para detener la operación, aunque eso signifique esperar días. En el transporte de hidrocarburos, llegar a tiempo importa, pero llegar con seguridad pesa más.
“Cuando me dicen del tema de frenos y de satélite, le digo: ‘No, que está fallando’. No sale el vehículo. No sale, así nos tardemos una semana”, afirmó Julio Pérez Sixtos, director general de Transportes Sixtos, en entrevista con T21.
Detrás de esa decisión hay una actividad que se ha transformado durante años. Sixtos cuenta sobre la época en la que las unidades llegaban a las instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex) y el producto entraba al tanque desde arriba, mediante las llamadas “garzas”. Con la modernización, aquella forma de cargar cambió y el llenado pasó al fondo.
Lo que podría parecer únicamente un cambio en el proceso terminó también dentro de los equipos. Los transportistas tuvieron que modificar válvulas, incorporar líneas electrónicas comandadas desde la cabina y realizar adecuaciones para controlar fugas de aire y vapores.
Y cada transformación llegó acompañada de inversión. Cuando las configuraciones sencillas dieron paso a los fulles, explicó, el impacto volvió a sentirse en los costos.
“Ahora el gasto era doble. Fue todo un tema, pero era lo que teníamos que hacer y lo sacamos adelante”, señaló.
Para Pérez Sixtos, ahí está una de las diferencias de mover este tipo de productos. No se trata únicamente de trasladar una carga de un punto a otro, sino de hacerlo bajo condiciones que reduzcan los riesgos para quienes participan en la operación y para quienes comparten la carretera.
“Somos un trabajo especializado, muy especializado, que merece tener todas las normas de seguridad por el bien de la comunidad, de quienes transitamos en la carretera”, afirmó.
El costo ya no está solo en los equipos
Pero las exigencias para el transporte de hidrocarburos ya no se concentran únicamente en los vehículos. Para Julio Pérez Sixtos, uno de los retos actuales está en la cantidad de cambios normativos y cargas administrativas que las empresas deben incorporar mientras mantienen la operación.
“Todo el sector ha tenido muchos altibajos y ha tenido muchas reformas, muchas normativas, la verdad, muchas cargas administrativas”, subrayó.
El empresario describió el momento como una “oleada de muchas cosas a la vez”, que obliga a las compañías a mantenerse actualizadas y destinar recursos no solo a los equipos, sino también a la capacitación de su personal y, cuando es necesario, a asesoría externa.
“Capacitamos a nuestro personal, o pagamos consultoría, si no le entendemos o algo, para estar preparados para ver cómo vienen las normatividades del gobierno, del Servicio de Administración Tributaria, de la Comisión Nacional de Energía”, explicó.
Para Pérez Sixtos, mantenerse dentro de este mercado implica una adaptación constante. A las inversiones que durante años han acompañado los cambios técnicos y de seguridad se suman ahora el tiempo, conocimiento y recursos necesarios para responder a nuevas disposiciones.
El desafío está en hacerlo sin descuidar una operación que, por la naturaleza de los productos transportados, no admite atajos en materia de seguridad.
Así, el costo de la especialización ya no se mide únicamente en tanques, válvulas o tecnología a bordo. También está en la capacidad de las empresas para mantenerse actualizadas mientras las exigencias del sector continúan cambiando.
Mantenerse en un mercado distinto
La adaptación ocurre, además, en un mercado que ya no ofrece las mismas condiciones de años atrás. Pérez Sixtos recuerda una etapa en la que los productos que transportaban tenían una demanda considerablemente mayor. Hoy, asegura, el trabajo continúa, pero el volumen disponible representa menos de la mitad de lo que llegaron a observar en aquellos años.
Explicó que un camión puede permanecer cuatro o cinco años en operación antes de que sea necesario pensar en sustituirlo, pues dejar envejecer la flota puede hacer mucho más costoso recuperar posteriormente el ritmo de renovación.
La estrategia es mantener los equipos con una antigüedad de uno o dos años y continuar mejorando también los remolques. El objetivo, dijo, es poder ofrecer el servicio en cualquier punto del país con la certeza de que la unidad tendrá las condiciones para completar el recorrido.
El operador, otro reto de la especialización
Pero tener el equipo adecuado resuelve solo una parte de la ecuación. Encontrar a la persona indicada para operarlo se ha convertido en otro de los desafíos. Pérez Sixtos reconoció que la escasez de operadores ya representa un problema para el autotransporte, aunque en su caso el reto está particularmente en encontrar perfiles adecuados para una operación especializada.
El problema rebasa a una sola empresa. De acuerdo con la Unión Internacional de Transporte por Carretera (IRU por sus siglas en inglés), México registra una tasa de vacantes de operadores de 14%, la segunda más alta entre los mercados analizados, solo por debajo de Uzbekistán, con 15 por ciento.
Para el especialista, parte de la escasez actual tiene raíces más profundas. Durante años, recordó, muchos operadores se formaban como “chalanes”, acompañando a operadores experimentados hasta adquirir los conocimientos necesarios para tomar el volante. Esa cadena de formación comenzó a desaparecer por cambios en las condiciones económicas y de seguridad, pero también porque las propias empresas dejaron de permitir acompañantes en las unidades.
La respuesta ha comenzado a trasladarse hacia las escuelas de operadores y los centros de capacitación impulsados por el propio sector, una alternativa en la que Pérez Sixtos identificó casos exitosos y que, consideró, puede contribuir a formar nuevos operadores.
El desafío, sin embargo, no termina con sumar personas detrás del volante. En una actividad como el transporte de hidrocarburos, formar operadores capaces de responder a las exigencias técnicas y de seguridad es también parte de la especialización.
Después de años de cambios en equipos, procesos y formas de operar, el reto sigue siendo el mismo: que cada viaje salga con las condiciones necesarias para llegar a destino. Porque en este segmento, la especialización no solo está en el vehículo que mueve la carga, sino también en las manos responsables de llevarla por carretera.
Esta nota se publicó previamente en nuestro medio hermano T21
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