
A un mes de la revisión del T-MEC, América del Norte enfrenta dos visiones opuestas sobre el futuro del acuerdo, pues mientras México y Canadá apuestan por extenderlo 16 años para dar certidumbre, el entorno político en Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, presiona por someterlo a revisiones anuales e incluso a renegociaciones desde cero.
El Gobierno mexicano, a través del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, formalizó su postura en una carta enviada el 1 de junio al representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, y al ministro canadiense Dominic LeBlanc. En ella, México propone extender la vigencia del tratado por 16 años más, bajo el argumento de que la estabilidad del acuerdo es clave para atraer inversión y sostener el crecimiento económico.
La posición fue respaldada por Canadá, en un oficio paralelo, LeBlanc sostuvo que el tratado “es muy beneficioso” para las tres economías y para la integración regional, en un momento en que las cadenas de suministro buscan fortalecerse frente a la competencia global.
El planteamiento de ambos países responde a una lógica compartida, pues sin reglas claras y de largo plazo, la inversión se frena. De hecho, México destacó que consultas públicas realizadas entre septiembre y noviembre de 2025, con 30 foros sectoriales y 32 estatales, arrojaron un respaldo generalizado a la extensión del acuerdo y a la eliminación de medidas restrictivas como los aranceles al acero y aluminio.
Revisiones anuales: Trump
Sin embargo, del otro lado de la mesa, la visión es radicalmente distinta. La administración de Trump ha condicionado la permanencia de Estados Unidos en el T-MEC a revisiones constantes, con la posibilidad de renegociar el acuerdo cada año o dejarlo expirar si no se logran condiciones más favorables.
Bajo esta lógica, el tratado dejaría de ser un marco de largo plazo para convertirse en un instrumento de presión recurrente. Trump ha sostenido que el acuerdo no ha generado beneficios suficientes para su país y que México y Canadá se han aprovechado de sus condiciones comerciales.
El choque de posturas no es menor. Mientras México y Canadá buscan certidumbre jurídica para inversiones de largo plazo, particularmente en sectores estratégicos como manufactura, energía y nearshoring, la propuesta estadounidense introduce un factor de incertidumbre permanente.
En los hechos, esto podría redefinir la naturaleza misma del T-MEC: pasar de un acuerdo de integración económica a uno sujeto a negociación continua.
La revisión conjunta está programada para el 1 de julio de 2026, conforme al Artículo 34.7 del tratado. Hasta ahora, Washington no ha emitido una respuesta formal a las cartas enviadas por México y Canadá.
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