La reactivación del sector petrolero venezolano, con el posible respaldo de Estados Unidos, podría convertirse en un nuevo foco de atracción para inversionistas internacionales que hoy evalúan oportunidades en México, desplazando capital, tecnología y empresas de servicios hacia un mercado que ofrecería menores costos y condiciones contractuales más flexibles, de acuerdo con un análisis de Ramsés Pech, experto en energía de Caraiva y Asociados.
En el análisis Venezuela, el nuevo eje geopolítico energético, el analista advierte que un eventual apoyo estadounidense para recuperar la producción petrolera de Venezuela representaría un desafío estratégico para países como México, Canadá, China y Rusia, al introducir un nuevo competidor con ventajas en costos, logística y condiciones contractuales.
Pech señala que el precio del barril venezolano se ha ubicado en un rango de 45 a 50 dólares, por debajo de la mezcla mexicana, que ha oscilado entre 50 y 60 dólares por barril. Este diferencial podría volver más atractivo el crudo venezolano para las refinerías de Estados Unidos, principal destino de las exportaciones mexicanas.
Uno de los principales riesgos para México se concentra en el frente de inversión. El análisis subraya que empresas estadounidenses de servicios petroleros, con experiencia acumulada tras el desarrollo del shale oil, podrían encontrar en Venezuela condiciones más favorables que en México, como pagos más rápidos, menor carga financiera y esquemas sin obligación de compartir utilidades con la empresa estatal, a diferencia de los contratos mixtos vigentes con Pemex.
Este escenario podría limitar la disponibilidad de equipos, tecnología y personal especializado para los proyectos de PEMEX, que enfrenta además problemas de adeudos con proveedores. La presión se intensificaría si empresas internacionales priorizan operar en Venezuela ante mejores condiciones de rentabilidad.
El segundo impacto para México estaría en el mercado de exportación. Bajo la estrategia actual del gobierno federal, Pemex busca una producción de 1.8 millones de barriles diarios y exportaciones de hasta 400 mil barriles, incluidos los envíos a la refinería Deer Park.
Sin embargo, si Estados Unidos sustituye parte de sus compras con crudo venezolano más barato, México podría verse obligado a ofrecer mayores descuentos o a redirigir sus exportaciones a otros mercados.
Pech advierte que este ajuste tendría efectos relevantes en las finanzas de PEMEX, considerando que entre 18% y 20% de sus ingresos provienen de la exportación de crudo, además de un contexto de menor flujo de divisas por la caída de remesas y posibles restricciones al envío de recursos desde Estados Unidos.
El análisis también destaca que esta reconfiguración energética tendría implicaciones en el marco del T-MEC, particularmente para Canadá, y obligaría a China y Rusia a replantear sus estrategias de suministro y precios ante un mayor peso de Venezuela en el mercado petrolero internacional.
En conjunto, el documento concluye que un cambio de régimen energético en Venezuela, con respaldo estadounidense, podría alterar el equilibrio geopolítico del petróleo y colocar a México frente a un entorno de mayor competencia por inversiones, mercados y precios del crudo.
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