
América Latina ya logró uno de sus mayores avances energéticos: llevar electricidad a más de 98% de la población. El reto ahora es distinto. Ya no basta con tener acceso al suministro; las industrias necesitan energía continua, estable y capaz de acompañar la electrificación de procesos, transporte y ciudades.
Así lo plantea el estudio Perspectivas Industriales, elaborado por Siemens en cooperación con Latinometrics, que identifica a la confiabilidad energética como uno de los desafíos estratégicos para la región. De acuerdo con el documento, la Agencia Internacional de la Energía proyecta que la demanda eléctrica regional crecerá entre 90% y 180% hacia 2050, impulsada por la electrificación industrial, el transporte y los sistemas urbanos.
Del acceso a la continuidad
La electrificación masiva marcó buena parte del siglo XX. Hoy, el punto crítico está en la capacidad de operar sin interrupciones, absorber nuevas cargas y mantener estabilidad en un entorno con más energías renovables, movilidad eléctrica y demanda digital.
El estudio señala que mejorar la confiabilidad energética podría liberar 14,500 millones de dólares anuales en valor económico para América Latina, equivalentes a unos 23 dólares por habitante. El dato refleja una oportunidad técnica, pero también productiva: menos interrupciones significan más continuidad operativa, mayor atracción de inversión y mejores condiciones para cadenas de valor más sofisticadas.
Las brechas, sin embargo, no son iguales en toda la región. En países como Ecuador y Paraguay, algunos sectores industriales registran tasas de interrupción superiores a 70%. En Ecuador, la sequía de 2024 evidenció la vulnerabilidad de una matriz dependiente de la generación hidroeléctrica, con pérdidas cercanas a 12 millones de dólares por cada hora de apagón.
México aparece en una posición más favorable. En sectores como manufactura y comercio minorista, el estudio destaca que el país exhibe niveles de desempeño superiores a la mayoría de América Latina e incluso a economías avanzadas como Estados Unidos, con menos de 30% de las organizaciones reportando intermitencias eléctricas. Para Siemens y Latinometrics, esto configura un entorno favorable para mejoras focalizadas en infraestructura y resiliencia.
Redes más inteligentes
El documento plantea que el paradigma de “instalar y olvidar” quedó rebasado. Construir infraestructura física sobredimensionada para cubrir picos poco frecuentes puede generar sistemas costosos y subutilizados. Frente a ello, la siguiente etapa apunta a redes eléctricas inteligentes, basadas en datos, interoperabilidad, digitalización y gestión activa de la demanda.
El Infrastructure Transition Monitor 2025 de Siemens señala que 76% de las organizaciones energéticas planea incrementar inversiones en integración de datos, mientras 72% de los ejecutivos prevé que la inteligencia artificial transformará sus operaciones en los próximos tres años. En esa ruta, los operadores dejan de ser controladores pasivos para convertirse en coordinadores de ecosistemas distribuidos.
La integración regional también aparece como una oportunidad pendiente. Actualmente solo 2% de la electricidad generada en Sudamérica se intercambia entre países. Una mayor interconexión, de acuerdo con estimaciones citadas por el estudio, podría generar ahorros anuales de hasta 2,000 millones de dólares al aprovechar la complementariedad de recursos renovables entre distintas zonas geográficas.
El análisis ubica a la digitalización como una palanca de corto plazo. Las tecnologías digitales pueden reducir 30% los ciclos de planificación y 25% los retrasos en proyectos. Gemelos digitales, inteligencia artificial y plataformas interoperables permiten anticipar fallas, optimizar activos, integrar renovables y gestionar mejor el consumo. Para América Latina, la confiabilidad ya no es solo un atributo técnico: es una condición para competir, atraer inversión y sostener la transición energética.
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Este artículo se publicó originalmente en la revista Energy21 de julio 2026. ¡Consulta la edición completa!






