
De acuerdo con la información de la Comisión Nacional de Energía (CNE), el ajuste deriva de incrementos de alrededor de 0.29 pesos por kilogramo, observados en la mayoría de las regiones del país. En el Valle de México, por ejemplo, el precio pasó de 19.09 a 19.38 pesos por kilo, lo que implica un aumento de 5.8 pesos por cilindro de 20 kg en una sola semana.
En términos porcentuales, el alza se ubica en torno a 1.5% semanal, tanto por kilogramo como por litro, donde el incremento fue de aproximadamente 15 a 16 centavos.
El aumento no fue focalizado, sino que se replicó prácticamente en todas las regiones, desde el norte hasta el sureste, con variaciones mínimas entre zonas. En Aguascalientes, el precio subió de 19.75 a 20.04 pesos por kilo, mientras que en Baja California pasó de 18.87 a 19.14 pesos por kilo, confirmando un patrón homogéneo en el ajuste.
Este comportamiento apunta a un ajuste vinculado a la fórmula de precios máximos, más que a presiones locales de oferta y demanda.
El incremento refleja principalmente movimientos en referencias internacionales del gas LP, como el mercado de Mont Belvieu en Estados Unidos, así como efectos del tipo de cambio y costos logísticos.
Aunque el aumento por unidad es moderado, su impacto en el bolsillo es inmediato. Para los hogares que dependen de este energético, el gasto en un insumo básico vuelve a presionarse, especialmente en contextos de consumo constante.
Además, el ajuste rompe una racha de relativa estabilidad en los precios del gas LP, lo que podría anticipar una tendencia al alza si persisten las presiones externas.
En este contexto, el mercado mexicano de gas LP confirma su alta dependencia de factores internacionales, incluso bajo un esquema de precios regulados, lo que limita la capacidad de contener incrementos de manera sostenida.
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