
México vive un boom de puntos de recarga para vehículos eléctricos, pero más del 90% de ellos son privados, y se encuentran en viviendas, flotas corporativas o instalaciones sin acceso al público en general, lo que representa una oportunidad para la masificación de este mercado, señalan en entrevista directivos de la firma ABB.
En el país existen 56 mil puntos de recarga para estos automóviles, sin embargo, las estaciones de carga pública real, conocidas como electrolineras, suman apenas entre 4 mil y 5 mil en todo el territorio, de los cuales solo alrededor del 20% son de carga rápida, capacidad crítica para la adopción masiva de vehículos eléctricos, explica a Energy21 Rubén Martínez, Segment Sales Manager de ABB México.
El contraste con la infraestructura tradicional de combustibles fósiles es marcado, pues en México hay cerca de 14 mil gasolineras, que, aunque no son comparables uno a uno con los puntos de recarga eléctrica, evidencian una brecha en la disponibilidad de energía para el transporte.
“La infraestructura de carga eléctrica está concentrada en las grandes ciudades como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, pero no hay cobertura homogénea en carreteras secundarias o estados más pequeños”, afirma Martínez.
Este desbalance no solo limita la movilidad interurbana, sino que condiciona la decisión de compra de los usuarios. Aunque la penetración de vehículos electrificados, incluidos eléctricos puros, híbridos e híbridos enchufables, ha tenido un incremento sólido, con más de 100 mil unidades vendidas en 2025 (casi el 10% del total de autos nuevos), la falta de puntos públicos accesibles sigue siendo un freno estructural, explica a su vez Luis Eduardo López Rodríguez Product Manager Emobility México ABB.
Las cargas domésticas, si bien son la forma más común de recarga debido a su conveniencia y bajo costo, no sustituyen la necesidad de una red pública robusta que permita viajes largos y desplazamientos imprevistos, afirman los directivos.
Ventajas en costos
La economía de operar un vehículo eléctrico también sorprende por su competitividad frente a los autos de combustión interna. Cargar un auto con una batería de 38 kWh en casa, con tarifas domésticas de alrededor de 3.20 pesos por kWh, puede costar aproximadamente 121 pesos, suficiente para un uso de dos semanas, aproximadamente.
En estaciones de carga pública, donde los precios por kWh oscilan entre 7.50 pesos y 12 pesos, una recarga comparable puede rondar los 370 pesos. Aun así, estos costos siguen siendo significativamente menores que llenar un tanque de gasolina, que puede superar los 800 a mil 300 pesos para un tanque de 40 litros, explican los directivos.
A pesar de estas ventajas, dos factores limitan el crecimiento del sector. En primer lugar está la percepción del alto costo inicial de los vehículos eléctricos, cuyo precio para un SUV puede ir desde 600 mil pesos, mientras que uno de combustible puede costar desde 350 mil pesos.
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