
Convertir un sedán a gas natural cuesta cerca de 30,000 pesos y reduce el gasto en combustible casi a la mitad: el litro equivalente de GNV ronda 13 pesos, frente a 24 de la gasolina. Este diferencial, más allá del discurso ambiental, perfila al GNV como una opción viable de transición al alcance de los usuarios, según Enco GNV.
“Lo consideramos un combustible puente mientras avanzan tecnologías de cero emisiones”, señala René Pérez, subdirector General de la compañía. Su principal atractivo es el ahorro, cercano a 50%, especialmente para taxis, flotillas y transporte público.
Con más de 20 años en México, la empresa opera 28 estaciones de GNV en ciudades clave como Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Puebla y Tijuana. Actualmente, atiende a 17,000 clientes y tiene alta presencia en transporte público, especialmente en Monterrey, donde cubre cerca del 60% de la demanda.
Una tecnología accesible
A diferencia de otras alternativas energéticas, el GNV no requiere sustituir completamente el vehículo. En el caso de automóviles a gasolina, la conversión es relativamente sencilla y de bajo costo. “Es una adaptación poco invasiva. Solo intervenimos la cámara de admisión para integrar el sistema de gas con el de gasolina”, explica Pérez.
El proceso consiste en instalar un sistema adicional que permite operar con gas y gasolina. El tanque se coloca en la cajuela sin eliminar el sistema original, lo que da flexibilidad. La conversión cuesta cerca de 30,000 pesos, aunque puede financiarse vía comodato. La instalación toma, en promedio, un día. El mercado se concentra en sedanes de uso intensivo, como taxis y plataformas, donde modelos como Aveo o Tsuru han sido los más adaptados.
Un mercado aún incipiente
Pese a sus ventajas, la penetración del gas natural vehicular sigue siendo limitada. En el país circulan cerca de 60,000 unidades que utilizan este combustible, lo que representa apenas el 1% del parque vehicular. De ese total, menos de 3,500 son vehículos fabricados originalmente para operar con gas natural.
La baja adopción responde a varios factores, como el desconocimiento. “Hay mucha confusión, incluso se mezcla o se le relaciona con el gas LP”, señala Pérez. El segundo es la infraestructura, pues actualmente existen cerca de 143 estaciones de GNV en todo el país, una cifra aún insuficiente para garantizar cobertura nacional. El tercero es regulatorio, con procesos que pueden retrasar la apertura de nuevas estaciones por varios años.
Aun así, el sector comienza a mostrar señales de dinamismo, particularmente en el segmento de unidades nacidas a gas, donde participan armadoras internacionales y proyectos de transporte público.
Más allá del costo
El atractivo del GNV no se limita al ahorro. También ofrece beneficios ambientales relevantes. Aunque se trata de un combustible fósil, su composición, principalmente metano, permite reducir emisiones contaminantes en comparación con gasolina y diésel, al no generar óxidos de azufre y emitir menos monóxido de carbono.
Para Enco, el futuro inmediato pasa por expandir la infraestructura y consolidar corredores logísticos. La meta es conectar rutas clave del país con estaciones separadas por distancias de hasta 600 kilómetros, facilitando el uso del GNV en transporte de larga distancia.
En paralelo, la empresa impulsa modelos de negocio que reduzcan barreras de entrada, desde financiamiento hasta estaciones móviles que permiten abastecer flotas sin necesidad de conexión directa a ductos.
Para René Pérez, el gas natural vehicular emerge como una solución intermedia en el camino hacia la transición energética. Una alternativa que ya circula en las calles y que, de escalar, podría acelerar el uso de combustibles más amables para el medio ambiente.
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Este artículo se publicó originalmente en la edición de abril de nuestra revista Energy21




