
Durante décadas, una creencia arraigada en la cultura minera contribuyó a mantener a las mujeres fuera de las minas. Según un antiguo mito del sector, la mina tenía una “concepción femenina” y podía ponerse celosa si una mujer ingresaba, lo que supuestamente provocaba accidentes o hacía que la veta se “escondiera”, afirma Marisol Barragán, presidenta de Women in Mining México (WIM México).
“Esta narrativa, transmitida durante generaciones, ayudó a justificar la exclusión femenina de una de las industrias históricamente más masculinizadas”, señala la empresaria en entrevista con Energy21.
Hoy el panorama comienza a cambiar, ya que en México trabajan más de 77 mil mujeres en la minería, lo que representa alrededor del 18% de la fuerza laboral del sector, una cifra que ha venido creciendo en los últimos años.
De acuerdo con la directiva, la participación femenina registró un aumento de 3.5% respecto al año anterior, lo que refleja un avance paulatino en la inclusión dentro de la industria.
Barragán subrayó que este progreso no es resultado de una tendencia reciente ni de un cambio fortuito, sino del trabajo sostenido que organizaciones y empresas han realizado durante años para abrir espacios a las mujeres dentro de la cadena de valor minera.
Aun así, reconoció que México todavía tiene camino por recorrer si se compara con otras naciones de tradición minera, como Chile o Perú, donde la participación femenina es mayor.
El peso de las tradiciones y creencias culturales explica en parte la lenta incorporación de las mujeres.
“Durante muchos años fue un sector con un mandato masculino muy importante”, señaló Barragán.
La antigua creencia de que la mina podía reaccionar negativamente a la presencia femenina contribuyó a limitar su participación durante décadas. En el mejor de los casos, explicó, las mujeres podían acercarse a las minas únicamente para llevar alimentos a los trabajadores o a sus esposos, pero no para participar en la actividad productiva.
Aunque este tipo de ideas persiste en algunos entornos, Barragán afirmó que el sector vive un proceso gradual de transformación. Las mujeres han demostrado con resultados medibles que pueden aportar valor en distintas áreas de la industria, desde la planeación estratégica hasta la seguridad operativa y la gestión de equipos.
Además, su participación ha contribuido a fortalecer la relación entre las empresas y las comunidades donde se desarrollan los proyectos mineros, un elemento cada vez más relevante para la sostenibilidad de la actividad.
“La minería actual, para ser verdaderamente sostenible, tiene que ser incluyente, participativa, equitativa y justa”, señaló.
No obstante, el principal obstáculo para ampliar la presencia femenina sigue siendo cultural. Barragán advirtió que cambiar percepciones arraigadas durante generaciones requiere tiempo y trabajo constante.
Por ello, Women in Mining México impulsa iniciativas no solo dentro de las empresas del sector, sino también en universidades y carreras vinculadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), así como en disciplinas relacionadas con las ciencias de la Tierra.
El objetivo es que más mujeres se interesen en la minería desde la etapa de formación profesional y que la industria evolucione hacia un entorno donde el talento, y no el género, determine las oportunidades de desarrollo.
“No se trata de pedir beneficios indebidos ni de victimizarnos. Se trata de cambiar condiciones de discriminación estructural que han existido durante muchos años”, añade Barragán.
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