Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, ingeniero y político, fallecido el 28 de octubre a los 92 años, defendió el control nacional de los recursos energéticos, cuestionó la apertura petrolera de 2013 y encabezó la Comisión Consultiva del Petróleo de Pemex en la última etapa de su vida. Su visión del sector energético es parte de la ideología política de la autodenominada Cuarta Transformación.
Fue de los principales referentes de la izquierda mexicana, construyó una parte fundamental de su trayectoria política alrededor de la defensa de la soberanía energética, el fortalecimiento de Petróleos Mexicanos (Pemex) y la participación del Estado en el aprovechamiento de los recursos naturales, postura que fue adoptada por Andrés Manuel López Obrador, quien antes de ser presidente de México militó en el PRD, partido fundado por Cárdenas.
El ingeniero civil mantuvo durante décadas una postura crítica frente a las políticas que, a su juicio, comprometían el control nacional de la industria petrolera. Su participación en el debate energético trascendió su condición de hijo del expresidente Lázaro Cárdenas del Río, responsable de la expropiación petrolera de 1938, al plantear propuestas para modificar la política del sector y aprovechar la renta de los hidrocarburos en beneficio del país.
Su vínculo con la industria energética también tuvo una vertiente técnica. Antes de consolidarse como una de las principales figuras de la oposición política, participó en proyectos de infraestructura y planeación regional relacionados con el aprovechamiento de los recursos naturales.
Su oposición a la reforma energética de 2013
Uno de los episodios más representativos de su participación en el debate energético ocurrió durante la discusión de la reforma constitucional impulsada por el gobierno de Enrique Peña Nieto en 2013.
Cárdenas se opuso a los cambios a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales que abrieron mayores espacios a la participación privada en el sector energético, al considerar que la reforma ponía en riesgo la soberanía nacional sobre los hidrocarburos.
Durante su intervención en los foros de discusión de aquella reforma, defendió la necesidad de que los cambios legales contribuyeran a fortalecer la soberanía, ampliar el bienestar de la población y promover el crecimiento económico, con un manejo racional de los recursos energéticos.
Su crítica no se limitaba a la participación de empresas privadas. También cuestionaba los resultados de las políticas petroleras aplicadas durante los gobiernos anteriores, particularmente por sus efectos sobre las finanzas públicas y la capacidad productiva de Pemex.
En su artículo Por una nueva política petrolera, planteó la necesidad de aprovechar de manera más eficiente la renta petrolera, combatir la corrupción y establecer una estrategia que permitiera convertir a Pemex en una empresa rentable y en un instrumento para impulsar el desarrollo nacional.
La posición de Cárdenas se apoyaba en una premisa central: los hidrocarburos debían contribuir al desarrollo económico de México y no convertirse únicamente en una fuente de ingresos fiscales o de beneficios para determinados grupos empresariales.
Pemex, en el centro de su propuesta energética
El fortalecimiento de Pemex fue uno de los ejes de su pensamiento energético. Cárdenas defendió la capacidad de la empresa estatal para desarrollar actividades estratégicas y sostuvo que la política petrolera debía considerar tanto las necesidades inmediatas de producción como la preservación de los recursos y los intereses económicos de largo plazo.
Su propuesta de política petrolera contemplaba aprovechar la renta generada por los hidrocarburos para impulsar el desarrollo nacional y mejorar las condiciones financieras y operativas de la empresa.
Desde esa perspectiva, el debate energético no debía reducirse a decidir qué actores podían participar en la industria, sino que debía incluir preguntas sobre el destino de los ingresos petroleros, la inversión, la capacidad productiva y el papel de los recursos naturales en el crecimiento económico.
Estas posiciones lo convirtieron en una de las voces más reconocibles en la defensa de la propiedad nacional de los recursos energéticos, particularmente durante la discusión de la reforma de 2013.
Su legado, sin embargo, también deja abierto un debate sobre cómo traducir la soberanía energética en resultados concretos: una empresa petrolera financieramente sostenible, infraestructura suficiente, mayor capacidad de inversión y un aprovechamiento eficiente de los recursos disponibles.
Su último cargo: la Comisión Consultiva del Petróleo
La relación de Cárdenas con la industria petrolera tuvo un nuevo capítulo en 2026, cuando fue designado para encabezar la Comisión Consultiva del Petróleo de Pemex.
El nombramiento se anunció en marzo, durante los actos conmemorativos de la expropiación petrolera, y lo colocó nuevamente en el centro de la discusión sobre el rumbo de la empresa estatal.
La comisión fue concebida como una instancia de análisis estratégico para examinar las tendencias, condiciones y perspectivas de la industria, así como formular opiniones y recomendaciones que contribuyeran a la toma de decisiones de Pemex.
Su incorporación ocurrió en un momento en que el gobierno de Claudia Sheinbaum colocó el fortalecimiento de las empresas públicas y la soberanía energética entre los objetivos de su política sectorial.
La designación también tuvo un significado simbólico: Cárdenas asumió una responsabilidad consultiva en la empresa que representa uno de los principales legados políticos de su padre, aunque desde una posición enfocada en el análisis y la orientación estratégica, no en la operación cotidiana de la petrolera.
Con ese nombramiento, el ingeniero cerró una trayectoria pública en la que confluyeron la experiencia técnica, la participación institucional y una defensa sostenida del control nacional sobre los recursos energéticos.
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