
Tras la salida de Rocío Robles de la presidencia de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Gas Licuado y Empresas Conexas (Amexgas), ya suena el nombre de María de Lourdes Medina Ortega, como posible relevo que sería anunciado el próximo 16 de enero.
Su eventual llegada a Amexgas no es menor, pues actualmente encabeza la Canacintra, cuyo nombramiento en julio de 2025 se dio tras la renuncia por motivos de salud, de Esperanza Ortega. Aún no queda claro si Medina Ortega dejaría la Canacintra para tomar Amexgas, o concentrará en sus manos dos de las presidencias gremiales más influyentes del país.

Más allá de la logística, el mensaje político es claro, ya que la industria estaría eligiendo a alguien con mayor “colmillo” para operar en un entorno donde la técnica ya no basta y donde la narrativa, la negociación y el timing pesan tanto como los datos.
Rocío Robles llegó a Amexgas con una sólida y respetada reputación como consultora. Nadie cuestiona su conocimiento del sector ni su capacidad analítica.
Sin embargo, su paso por la presidencia fue accidentado y no logró consolidarse como un puente confiable entre la industria y el Gobierno. Algunas de sus declaraciones públicas, replicadas por medios y canales de televisión, incomodaron a los agremiados y no gustaron a funcionarios federales, en momento en el que el gas LP es un tema socialmente sensible y políticamente vigilado.
Al interior de Amexgas, su relación con algunos consejeros también se deterioró. Las diferencias estratégicas, de estilo y de comunicación terminaron por minar su margen de maniobra.
El desenlace fue previsible y, según nos cuentan, le pidieron la renuncia. Un final que no borra su trayectoria, ni su conocimiento, capacidad y calidad profesional, pero sí confirma que el liderazgo gremial en México exige algo más que conocimiento sectorial.
La posible llegada de María de Lourdes Medina Ortega responde precisamente a esa necesidad. En la industria se le reconoce capacidad para leer escenarios, modular discursos y construir puentes. No es casual que tenga el visto bueno de empresarios que hoy entienden que la supervivencia del sector no depende sólo de regulaciones, sino de relaciones.
Su perfil combina experiencia empresarial, operación política y manejo institucional. Tres ingredientes que Amexgas necesita con urgencia en un contexto donde el gas LP enfrenta controles de precios, presión social y una autoridad cada vez más centralizada en sus decisiones.
Medina Ortega es doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de Santander, con especializaciones en Alta Dirección por el IPADE y la Escuela de Negocios de Harvard. Tiene más de 40 años de experiencia en el ámbito empresarial, académico y social.
Actualmente dirige el Grupo Industrial San Bernardino, una empresa con más de seis décadas de operación en sectores como el agrícola, automotriz, alimenticio y de verificación, con presencia en México y Estados Unidos.
Si bien en el gremio están conscientes de que su perfil no está enfocado en el sector de gas LP, ellos confían en que se adapte rápido y se rodee de asesores especializados que le permitan salir al paso.
Porque el problema de fondo no es quién encabeza la asociación, sino qué tan capaz es esa persona de defender al sector sin confrontarlo con el poder, de hablarle al Gobierno sin perder legitimidad ante la industria, y de representar a los empresarios sin convertirlos en villanos públicos.
El caso Robles deja una lección incómoda, pues en el México energético actual, el liderazgo gremial ya no es un ejercicio técnico, sino un delicado equilibrio político.
Y el nombre de María de Lourdes Medina Ortega sugiere que Amexgas, por fin, parece haberlo entendido.
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