
La relocalización de cadenas productivas está transformando la economía mexicana. Impulsado por tensiones geopolíticas, disrupciones logísticas y la cercanía con Estados Unidos, el nearshoring ha detonado una nueva ola de inversión industrial, que coloca a México en el centro de la estrategia productiva de Norteamérica y que podría superar los 35 mil millones de dólares en la próxima década, según estimaciones del BID.
Al cierre de 2025, sumaban cerca de 150 proyectos de relocalización productiva, principalmente en los sectores automotriz, electrónico, de electrodomésticos y logística. Esta dinámica ha generado más de 100 mil empleos formales en el país para sostener las operaciones de empresas globales, según un análisis de BBVA.
Pero, detrás del entusiasmo por la llegada de nuevas inversiones, emergen retos estructurales que podrían definir el verdadero alcance del nearshoring en México.
Infraestructura industrial bajo presión
Claudia Esteves, directora general de la Asociación Mexicana de Parques Industriales Privados (AMPIP), señala que México vive uno de los momentos más dinámicos en desarrollo industrial, impulsado por la relocalización de cadenas productivas. No obstante, advierte que el ritmo de crecimiento comienza a presionar la infraestructura disponible.
“Estamos viendo una demanda histórica de espacios industriales. El interés de las empresas por instalarse en México es real y sostenido”, afirma.
Actualmente, la AMPIP agrupa 477 parques industriales en 28 entidades que requieren alrededor de 13 mil 200 MW de capacidad eléctrica para operar. A ello se suman 103 nuevos parques en construcción que demandarán otros 2 mil 434 MW.
Ante este escenario, Esteves subraya que México enfrenta retos importantes en infraestructura y redes de transmisión para llevar energía a los polos industriales. Sin embargo, reconoce que la nueva legislación energética abre esquemas de generación que podrían ayudar a atender estas necesidades.
Ventajas comerciales
Sayonara Jarillo, consultora independiente en energía, considera que el atractivo de México radica en su posición estratégica en Norteamérica. La cercanía con Estados Unidos, el acceso preferencial al mercado mediante el T-MEC y la experiencia manufacturera del país lo convierten en un destino competitivo frente a otras regiones.
No obstante, advierte que el nearshoring no debe entenderse solo como el traslado de plantas, sino como una transformación más profunda de las cadenas de valor, donde el reto será que empresas mexicanas se integren con mayor valor agregado.
En ese contexto, la disponibilidad de infraestructura energética emerge como uno de los factores críticos para sostener el crecimiento industrial. Enrique Loyo, director de UV Consulting Group, subraya que el nearshoring exige condiciones operativas que van más allá del espacio físico.
“Las empresas necesitan energía confiable, gas natural, agua, conectividad logística y talento especializado. Si alguno de esos elementos falla, la competitividad del país se ve comprometida”, afirma.
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