
El año 2025 fue clave para la electromovilidad a nivel global. En muchas ciudades dejó de ser una promesa de futuro para convertirse en una realidad cotidiana. Hoy ya no es extraño ver autos eléctricos circulando en las principales ciudades de México: vehículos particulares, unidades de reparto, transporte público e incluso plataformas como DiDi forman parte del paisaje urbano. La electrificación comenzó a integrarse de manera natural a la vida diaria. Sin embargo, también fue un año en el que esta transición adquirió un fuerte tinte geopolítico, generando una narrativa polarizada entre quienes la impulsan como una solución ambiental y económica, y quienes la cuestionan o desaceleran desde el ámbito regulatorio o de intereses nacionales.
Lo que dicen los datos
Algunos datos de 2025 ayudan a entender mejor este momento. Noruega cerró el año con una adopción cercana al 96% de autos 100% eléctricos, demostrando que una transición casi total es técnicamente viable hoy. Aunque se trata de un país con condiciones sociales y económicas favorables, también enfrenta retos importantes, como su clima extremo. Lo relevante es que este avance no provocó un colapso del sistema eléctrico ni de la movilidad, sino que fue resultado de planeación, inversión sostenida y coordinación entre actores públicos, privados y consumidores.
China ofrece otro ejemplo contundente. En 2025 superó el 50% de ventas de vehículos de nuevas energías —eléctricos e híbridos conectables—, lo que implica que en el mayor mercado automotriz del mundo ya se venden más autos electrificados que de combustión e híbridos tradicionales. Esto ha impulsado el crecimiento de fabricantes locales como BYD, NIO o Xpeng, que hoy conectan mejor con los consumidores jóvenes que muchas marcas extranjeras. Además, los beneficios ambientales ya son visibles: Beijing registró sus niveles de aire más limpios desde que existen mediciones, con más de 300 días de calidad “buena” o “moderada”, calles más silenciosas y una reducción significativa de contaminantes nocivos. Atrás quedan los recuerdos de esas olimpiadas con aire contaminado.
Europa se ubica en un punto intermedio. Aunque ha generado titulares su decisión de ajustar la meta de 100% eléctricos, una lectura más cuidadosa muestra que no abandona la electrificación, sino que refina el camino. El nuevo objetivo, cercano al 90% de vehículos de muy bajas o cero emisiones, incorpora híbridos conectables con autonomía eléctrica relevante, acero verde en la fabricación y combustibles sintéticos en nichos específicos. En la práctica, sigue siendo una meta altamente exigente que mantiene a esta región como uno de los mercados más estrictos del mundo en términos ambientales, tecnológicos e industriales.
Del lado opuesto, Estados Unidos comienza a mostrar señales de enfriamiento y cambio de estrategia. La eliminación de incentivos federales y la relajación anunciada de estándares de eficiencia han impactado la demanda, con proyecciones que colocan la participación de los eléctricos por debajo del 8% del mercado. Esto ha obligado a la industria a ajustar portafolios y replantear inversiones, marcando una depuración natural de productos desarrollados más para cumplir regulaciones que para conquistar al consumidor.
Las señales son claras
Aun así, el mercado global sigue enviando señales claras. El Tesla Model Y mantiene el título del auto más vendido del mundo considerando todas las tecnologías, mientras que BYD lidera las ventas globales de eléctricos. Y aquí es donde el diablo está en los detalles: después de Tesla, los EV más vendidos en Estados Unidos fueron el Mustang Mach-E y el Chevrolet Equinox EV, ambos fabricados en México. Además, de acuerdo con datos de la EMA, tan sólo sus miembros vendieron en México cerca de 100 mil unidades entre EV y PHEV frente a alrededor de 70 mil unidades el año previo, lo que representa un crecimiento cercano al 43% en un mercado total de 1.6 millones de vehículos, acercándose la adopción de estas tecnologías al volumen de los híbridos tradicionales, pese a que persiste la narrativa de que México “no está listo” para la electromovilidad.
Brasil refuerza esta tendencia, con 181 mil BEV y PHEV frente a solo 42 mil híbridos, cerca del 8% de su mercado. Especialistas coinciden en que los mercados emergentes podrían incluso superar pronto a Estados Unidos en adopción relativa. México está en la línea de fuego. La discusión ya no puede quedarse en visión o proyectos piloto: es momento de pasar del discurso al despliegue industrial. La decisión no es si la electromovilidad llegará, sino si México será protagonista de esta transformación o un espectador de decisiones que otros ya están tomando.
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