Cada verano, millones de toneladas de sargazo llegan a nuestras playas mexicanas, esta alga marina, tan emblemática como problemática, se ha convertido en un reto ecológico, turístico y económico. Sin embargo, en ese problema yace una oportunidad de innovación energética que merecemos explorar con decisión.
Este año, investigadores de la UNAM advierten que las cantidades de sargazo podrían superar las 522 mil toneladas registradas en 2018; mientras tanto, las autoridades estiman unas 60 mil toneladas.
Los efectos colaterales son graves, debido a que afecta al turismo y genera alertas ambientales, económicas y sanitarias. Descomponiéndose en la costa, el sargazo emite gases tóxicos como sulfuro de hidrógeno, metano y dióxido de carbono.
En Quintana Roo, el impacto económico estimado supera el 11 % del PIB local, equivalente a unos 2 mil millones de dólares anuales.
Pero la narrativa puede cambiar, ya que el sargazo no debe verse solo como un problema, sino como una fuente renovable con potencial energético tangible.
La firma Nopalimex indica que 500 toneladas de sargazo podrían generar 20 mil metros cúbicos de biogás, energía equivalente a la vendida diariamente en una estación de gasolina promedio.
Otro estudio prospectivo indica que el sargazo removido de sólo 8 kilómetros de costa en Puerto Morelos durante 2018–2019 habría producido más de 40 terajoules al año como biocombustible sólido.
El potencial energético por metro cúbico de sargazo se ha estimado en 0.203 gigajulios (GJ), lo que equivale aproximadamente a 0.61 terajoules por kilómetro de playa por mes, una cifra relevante para consumo residencial.
Innovación tecnológica en marcha
Quintana Roo avanza con ambición, se proyecta un Centro Integral de Saneamiento y Economía Circular del Sargazo, que permitirá monitorizar, recolectar y convertir el biomaterial en biometano, además de tratamiento de aguas residuales y generación de energía limpia.
A nivel regional, otros países también ensayan soluciones. Grenada, por ejemplo, explora convertir sargazo en biogás y fertilizante, aunque enfrenta retos como la imprevisibilidad de las florecimientos y altos costos de tratamiento.
No obstante su potencial, la transformación del sargazo en energía enfrenta dos grandes barreras. Logística y costos, pues el transporte desde playas hasta plantas de procesamiento puede representar hasta el 60 % del costo total, además de los desafíos técnicos para remover sales, metales pesados y toxicidad.
La variabilidad y regulación, en donde los volúmenes del fenómeno son impredecibles; los ecosistemas costeros podrían verse afectados negativamente si se realiza una recolección masiva sin controles; y aún no hay marcos regulatorios robustos que garanticen una industria sostenible.
Convertir el sargazo en energía no solo mitiga un problema ambiental y económico, sino que abre una nueva dimensión de desarrollo local: producción energética, fertilizantes, materiales de construcción, biocarbón e incluso catalizadores limpios. La tecnología ya está disponible; lo que falta es voluntad política, inversión estratégica y alianzas público-privadas.
México puede dejar de ver al sargazo como una amenaza para transformarlo en un recurso que impulse la bioeconomía costera. Es hora de apostar por una estrategia que conecte ciencia, comunidad y energía renovable.
Insights Destacados
¿Por qué importa?
- Magnitud alarmante: En 2025, se espera un ingreso de 400 mil a 522 mil toneladas de sargazo a costas mexicanas.
- Potencial energético real: 500 t de sargazo generan 20 mil metros cúbicos de biogás; 8 km de playa podrían producir más de 40 TJ/año.
- Proyecto innovador en curso: Quintana Roo impulsará un centro que transforme sargazo en biometano y otros subproductos.
- Obstáculos reales: Altos costos logísticos (hasta 60 %), necesidad de retirar contaminantes y falta de regulación adecuada.
- Solución sostenible: Además de energía, el sargazo ofrece oportunidades en fertilizantes, construcción, biocarbón y más—impulsando economía local y verde.
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