
SAN PEDRO GARZA GARCÍA, NL.– La capacidad energética se ha convertido en uno de los factores que condicionan la expansión de la industria en México. Aunque el país cuenta con generación eléctrica, las limitaciones en las redes de transmisión y distribución dificultan que la energía llegue oportunamente a los centros industriales, lo que puede frenar inversiones, retrasar proyectos y comprometer la llegada de nuevos negocios.
Durante la conferencia “Capacidad energética: de cuello de botella a ventaja competitiva”, en la 51 Convención Nacional Index del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index Nacional), Monte Mickle, director general de M2 Energy, advirtió que el principal desafío para las empresas no necesariamente está en producir electricidad, sino en contar con la infraestructura que permita llevarla hasta sus instalaciones.
El directivo explicó que esta problemática ya tiene repercusiones en distintas regiones del país, particularmente en los corredores manufactureros y parques industriales vinculados con la actividad exportadora, donde algunas compañías enfrentan dificultades para conseguir la capacidad eléctrica necesaria para ampliar sus operaciones.
“El problema es cómo entregar esta energía. El problema son las redes de transmisión y distribución”, señaló Mickle, al explicar que disponer de una nave industrial no garantiza que una empresa pueda comenzar a operar si no cuenta con el suministro eléctrico requerido.
Esta situación también modifica las decisiones de inversión. Anteriormente, las compañías buscaban primero conseguir un terreno, una nave o un cliente y posteriormente resolvían sus necesidades energéticas. Sin embargo, ante las restricciones actuales, Mickle consideró que la planeación eléctrica debe incorporarse desde las primeras etapas de cualquier proyecto de expansión.
El reto cobra relevancia en un contexto en el que México busca aprovechar la integración productiva de Norteamérica y atraer nuevas inversiones manufactureras.
Mickle señaló que las empresas estadounidenses, europeas y asiáticas que evalúan instalarse en el país ya consideran la disponibilidad de energía entre sus primeras preguntas, junto con los tiempos de entrega de las instalaciones industriales.
En ese sentido, dimensionó el problema al compartir que el 91% de las empresas del país experimentó algún tipo de interrupción eléctrica en los últimos 12 meses.
Los problemas se concentran en estados del norte de México como Nuevo León, Chihuahua, Tamaulipas, Sonora y Baja California, zonas de alta actividad maquiladora.
Estos episodios no solo representan fallas de suministro, sino un riesgo para la continuidad de las operaciones industriales, debido a que pueden ocasionar retrasos de producción, incumplimientos en las entregas y afectaciones a la actividad de las empresas.
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Parques Industriales Privados (AMPIP), los 477 parques que operan actualmente en el país requieren una capacidad instalada de 17 mil 708 megawatts (MW), mientras que los 103 parques que se encuentran en construcción demandarán otros tres mil 456 MW entre 2026 y 2029.
Industria enfrenta esperas de hasta 18 meses
El directivo también cuestionó que los recursos destinados al sector eléctrico no necesariamente se traduzcan en soluciones para los usuarios industriales. Explicó que una parte importante de los proyectos y presupuestos anunciados se concentra en generación, cuando las necesidades más apremiantes de las compañías están relacionadas con la transmisión y distribución.
Según el especialista, los tiempos de espera para obtener conexión o ampliar capacidad superan los 18 meses en varios corredores, y la entrega de equipos como transformadores puede tardar hasta 36 meses.
Centros de datos elevan presión sobre la red
Otro de los puntos que se destacó en el evento fue el crecimiento de los centros de datos, cuya demanda eléctrica comienza a competir con la de los parques industriales y las plantas manufactureras por la capacidad disponible en las redes de transmisión.
Algunas instalaciones de centros de datos requieren alrededor de 100 MW, mientras que una subestación que atiende a un parque industrial de aproximadamente 30 mil metros cuadrados puede manejar entre 30 y 50 MW, explicó Mickle.
La diferencia refleja la magnitud de los requerimientos de los data centers, impulsada por el almacenamiento de información, los servicios en la nube y el desarrollo de inteligencia artificial. Además, estos proyectos cuentan con recursos financieros importantes para asegurar su capacidad energética, lo que incrementa la competencia por las conexiones disponibles.
Las cifras del mercado respaldan la dimensión de esta demanda. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Data Centers (MEXDC), México cuenta con 279 MW de capacidad instalada en centros de datos, otros 205 MW se encuentran en construcción durante 2026 y los requerimientos del sector podrían alcanzar 1.73 gigawatts (GW) en 2031.
Este crecimiento plantea un desafío adicional para la industria manufacturera, pues ambos sectores requieren infraestructura eléctrica para concretar sus planes de expansión. En ese sentido, Mickle consideró que las empresas deben anticiparse a las necesidades de energía y no esperar a que los proyectos de infraestructura pública resuelvan sus requerimientos.
Autoconsumo y planeación, alternativas para la industria
Ante este panorama, el directivo planteó que las compañías deben evaluar esquemas complementarios al suministro convencional, entre ellos la cogeneración, sistemas de generación con gas, paneles solares y baterías de almacenamiento.
Puso como ejemplo el modelo que utilizan algunos centros de datos, que combinan el suministro de la red eléctrica con generación en sitio para contar con redundancia y reducir los riesgos de interrupción.
Para Mickle, este tipo de alternativas también puede formar parte de la estrategia de los parques industriales y las empresas manufactureras, siempre que se analicen las necesidades de cada instalación y la viabilidad técnica y económica de las soluciones.
También recomendó que las compañías revisen su consumo actual, el factor de potencia de sus instalaciones y los requerimientos eléctricos que tendrán durante los próximos años. En algunos casos, dijo, realizar adecuaciones puede permitir aprovechar mejor la capacidad existente sin depender exclusivamente de nuevas conexiones.
“Tenemos que pensar en 2030. Ahorita”, expresó al insistir en que las empresas deben incorporar desde ahora las inversiones energéticas en sus presupuestos y planes de crecimiento, en lugar de esperar hasta que se concrete una nueva expansión.
Mickle recomendó reducir la dependencia de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y aprovechar alternativas como el autoconsumo, permitido hasta 20 MW, así como la cesión de capacidad de subestaciones con excedentes.
El pasado 24 de junio, el gobierno federal anunció un plan de expansión eléctrica que destinará 739 mil millones de pesos (mdp) para añadir 32 mil MW de capacidad de generación al Sistema Eléctrico Nacional antes de que concluya el sexenio en 2030, de los cuales el 70% provendrán de fuentes renovables como solar fotovoltaica, eólica, termosolar, geotérmica e hidroeléctrica.
Esta nota se publicó originalmente en T21.
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