El precio del crudo Brent aumentó cerca de 9.6% y el WTI alrededor de 12.1% desde el cierre del viernes, tras una escalada de conflicto en el Medio Oriente que ha alterado las expectativas sobre el suministro global de hidrocarburos.
Los futuros del Brent, el referente europeo, se situaron alrededor de 79 a 80 dólares por barril este lunes, tras haber alcanzado máximos cercanos a los 82 dólares en operaciones intradía como reacción inmediata a los ataques de Estados Unidos e Israel contra instalaciones e infraestructura iraní, incluidos centros estratégicos de producción y tránsito.
El crudo estadounidense WTI se cotizó en torno a 72 dólares por barril, consolidando un salto que refleja el nerviosismo en los mercados ante el agravamiento de las tensiones.
La fuerte subida del petróleo responde a un agravamiento de la crisis geopolítica que marcó un punto de inflexión el fin de semana, cuando las fuerzas de Estados Unidos e Israel llevaron a cabo ataques aéreos en territorio iraní y se reportó la muerte de Alí Jamenei, el líder supremo de Irán.
En respuesta, Teherán intensificó sus operaciones militares en el Golfo Pérsico, generando un clima de incertidumbre sobre la continuidad del suministro energético desde una de las regiones más productivas del mundo.
Más allá de los ataques, el elemento que más presionó a los precios fue la disrupción del tránsito por el Estrecho de Ormuz, un corredor marítimo estrecho entre el Golfo Pérsico y el mar de Omán por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo crudo que se comercia internacionalmente.
Aunque Teherán no ha declarado oficialmente el cierre, múltiples operadores navieros y las petroleras han suspendido de facto sus envíos por razones de seguridad tras ataques a buques y advertencias de fuerzas iraníes, lo que ha dejado al estrecho prácticamente inactivo en los últimos días.
Si las exportaciones que habitualmente cruzan por allí se detienen o se desvían por rutas alternativas de menor capacidad, el mercado global podría enfrentar una contracción efectiva de 8 a 10 millones de barriles diarios, según estimaciones de analistas del sector.
Esta pérdida, en un mercado ya tensionado por recortes previos en la producción y una demanda que se mantiene sólida, explica el incremento abrupto en las primas de riesgo que los actores financieros están dispuestos a pagar por el crudo.
La reacción de los precios no solo es inmediata por el temor a una restricción de oferta, sino también por la posibilidad de que un conflicto prolongado pueda llevar a escenarios todavía más adversos, ya que varias casas de análisis y operadores consideran que, si el Estrecho de Ormuz permaneciera cerrado o severamente limitado por más tiempo, los precios podrían acercarse o incluso superar los 100 dólares por barril en las próximas semanas, un nivel que no se ve de manera sostenida desde crisis previas en la región.
Además de la dinámica pura de oferta y demanda, este shock geopolítico impacta en los mercados financieros globales y las expectativas de inflación.
Las acciones de sectores sensibles al precio de la energía, como transporte y consumo discrecional, han reaccionado con caídas en bolsas europeas y estadounidenses mientras los activos de refugio ganan terreno entre los inversionistas.
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