
Tras varios años de crecimiento, la electromovilidad en México avanza hacia una etapa de consolidación en 2026, impulsada por inversiones en infraestructura de recarga, expansión de flotas eléctricas y mayor coordinación sectorial. La evolución del mercado refleja un cambio estructural en el transporte energético, donde los vehículos eléctricos comienzan a integrarse con mayor regularidad a la movilidad cotidiana.
La empresa de tecnología limpia VEMO prevé invertir más de 1,500 millones de dólares en los próximos cinco años para fortalecer el ecosistema regional, al tiempo que proyecta desplegar cerca de 23 mil conectores de recarga e incorporar unos 55 mil vehículos eléctricos hacia 2030.
El objetivo, según la compañía, es construir un desarrollo escalable y rentable sustentado en planeación, regulación e inversión coordinada entre actores públicos y privados.
Infraestructura de recarga como eje del mercado
El dinamismo del sector durante 2025 respaldó el avance de la electrificación del transporte. Las ventas de vehículos eléctricos e híbridos conectables crecieron 38.5% anual, mientras la red de recarga alcanzó más de 56 mil posiciones, un incremento de 26%.
En este contexto, el despliegue de infraestructura se vuelve determinante para sostener la expansión del parque vehicular. La red de recarga de la empresa cuenta actualmente con más de 1,400 conectores en 18 estados y procesa más de 85 mil sesiones mensuales, consolidándose como uno de los sistemas públicos más robustos del país.
Durante el último año también puso en operación un hub público con 102 conectores y capacidad de 6.2 MW, reflejo del avance hacia instalaciones urbanas de mayor escala energética.
Inversión y alianzas para escalar la transición
El fortalecimiento del ecosistema se apoya en financiamiento institucional y alianzas estratégicas. La compañía ha levantado más de 500 millones de dólares de inversionistas especializados en infraestructura y energía, además de compromisos adicionales anunciados en 2025.
Este respaldo financiero apunta a acelerar el despliegue operativo y ampliar la integración tecnológica del sistema eléctrico aplicado al transporte, alineado con tendencias regionales de descarbonización y digitalización de flotas.
De adopción a normalización energética
El desafío hacia 2026 consiste en transformar el crecimiento del mercado en normalización de uso, donde la movilidad eléctrica deje de ser nicho y se convierta en componente habitual del sistema energético urbano.
Hasta ahora, el desarrollo ha permitido recorrer más de 235 millones de kilómetros eléctricos y evitar emisiones equivalentes a más de 40 mil toneladas de CO₂e, evidenciando el impacto ambiental del modelo.
La siguiente etapa dependerá de la sincronización entre infraestructura, regulación, financiamiento y confianza del usuario, factores que determinarán la velocidad y profundidad de la transición energética en el transporte mexicano.
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