
Tras la salida de Rocío Robles de la presidencia de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Gas Licuado y Empresas Conexas (Amexgas), ya suena el nombre de Lourdes Medina Valdés, actual presidenta de la Comisión Jurídica y Normatividad de la Coparmex, como posible relevo que sería anunciado el próximo 16 de enero.
Conviene subrayar que no se trata de la actual presidenta de Canacintra, empresaria homónima. La posible nueva presidenta de Amexgas es especialista en dirección estratégica, relaciones institucionales y operación legislativa, con un perfil profundamente político-técnico, más que empresarial.

Su eventual llegada a Amexgas no sólo marcaría un giro de estilo, sino de fondo. La industria del gas LP parece haber entendido que hoy el liderazgo gremial ya no se construye únicamente con conocimiento técnico del producto, sino con capacidad para navegar en un entorno político hostil, altamente regulado y socialmente sensible.
Rocío Robles, a quien he tenido el placer y el gusto de entrevistar en previas ocasiones, llegó a Amexgas con una reputación sólida como consultora, con amplio dominio del sector energético, nadie cuestiona su preparación ni su trayectoria. Sin embargo, su presidencia fue accidentada, según versiones al interior del gremio.
No logró consolidarse como un puente confiable entre la industria y el Gobierno, y algunas de sus declaraciones públicas, amplificadas por medios y televisión, generaron incomodidad tanto entre los agremiados como en oficinas gubernamentales.
En un momento donde el gas LP es políticamente delicado, por controles de precios, narrativa social y presión mediática, la comunicación dejó de ser un accesorio para convertirse en el centro del tablero.
Al interior de Amexgas, nos cuentan que las diferencias con algunos consejeros fueron creciendo. No sólo por visiones estratégicas distintas, sino por estilos de conducción y de manejo institucional. El resultado fue previsible, pues la relación se erosionó y, según versiones, se le pidió la renuncia.
Un desenlace que no borra su calidad profesional, ni capacidad, ni conocimientos, ni experiencia, pero que confirma la realidad incómoda de que hoy el liderazgo gremial en México es más político que técnico.
Ahí es donde entra Lourdes Medina Valdés. Su perfil responde exactamente a esa nueva lógica. Es licenciada en Economía, con estudios en Ciencia Política y Maestría en Administración Pública. Egresada del Programa de Alta Dirección del IPADE, con formación en IESE Business School y en la Escuela Kennedy de Harvard, Medina Valdés ha construido su carrera en el cruce entre política pública, análisis legislativo y operación institucional.
Cuenta con más de 20 años de experiencia en el ámbito legislativo, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, además de haber sido diputada federal y funcionaria estatal. En 2020 fue invitada a dirigir Coparmex CDMX, cargo que ocupó durante cuatro años, consolidando su perfil como interlocutora entre sector privado y autoridades.
Hoy preside la Comisión Jurídica y de Normatividad de esa cámara empresarial, y los gaseros la habrían fichado por el colmillo político para leer escenarios, construir consensos y modular discursos en entornos de alta fricción política.
No es una especialista en gas LP, y eso en el gremio lo saben. Pero también saben que hoy el reto no es técnico, sino político-regulatorio.
Porque el problema de fondo no es quién encabeza la asociación, sino la habilidad para defender al sector sin confrontarlo con el poder, de hablarle al Gobierno sin perder legitimidad ante la industria, y de representar a los empresarios sin convertirlos en villanos públicos.
El caso Robles deja una lección incómoda pero necesaria, pues en el México energético actual, el liderazgo gremial dejó de ser un ejercicio técnico y se convirtió en un delicado equilibrio político.
Robles regresará a la labor de consultoría, donde continuará con el éxito que consolidó hasta antes de este episodio. No necesita de Amexgas para mantener su presencia en el sector. Y seguramente entenderá su paso por la asociación, no como un fracaso, sino como un aprendizaje de esos que al final suelen fortalecernos.
Y el nombre de Lourdes Medina Valdés sugiere que, al menos esta vez, Amexgas parece haber entendido el momento que está viviendo. No es un relevo de persona. Es un relevo de lógica y estratégia.
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