
Cada vez con mayor urgencia, en México tratamos la necesidad de transitar hacia modelos energéticos más eficientes y sostenibles. La presión por reducir costos operativos, cumplir con normativas ambientales y, al mismo tiempo, responder a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), obliga a las empresas a repensar la manera en que consumen, monitorean y gestionan sus recursos. Es en esta ecuación se inserta el Internet de las Cosas (IoT), que se ha convertido en una herramienta poderosa para transformar la realidad energética del país.
La inclusión de soluciones digitales de la energía es un requisito pues las emisiones de CO2 de origen fósil en México fueron de 487 millones de toneladas en 20221 y se han incrementado año con año, ya que una parte sustancial proviene del consumo energético, que históricamente representa uno de los mayores emisores del país. El uso de inteligencia energética como Smart Energy ayuda a demostrar que la eficiencia, la sostenibilidad y los ahorros tangibles pueden converger cuando la tecnología se usa con propósito.
El problema se agrava por los desafíos estructurales en materia energética: infraestructura limitada, incremento en costos, subsidios insostenibles y brechas en la adopción tecnológica. Esto genera que empresas de todos los tamaños dependan de esquemas poco eficientes que tienen al consumo energético como uno de sus principales gastos operativos.
Hoy, la crisis presenta la oportunidad de convertirse en un catalizador de innovación: gracias a la madurez del IoT, tenemos la oportunidad de dar un salto cualitativo. Smart Energy, por ejemplo, permite a las empresas medir, gestionar y tomar decisiones inteligentes sobre el consumo energético de edificios, tiendas, oficinas y bodegas, al integrar sensores, automatización y analítica predictiva para evitar excesos, anticipar fallos y crear modelos de eficiencia sostenida.
Esto no solo significa ahorro; significa resiliencia empresarial. Las soluciones IoT no se limitan ya a entregar información, ahora interpretan, predicen y actúan. Las empresas pueden automatizar el consumo en equipos críticos, monitorear en tiempo real variables, recibir alertas ante consumos atípicos o riesgos, gestionar servicios y construir estrategias o tomar decisiones tácticas que fomentan operaciones más eficientes, menor desperdicio y una reducción directa de la huella de carbono.
La energía se debe pensar para ser más amigable con el medio ambiente y cuantitativa para reducir impactos. Uno de los grandes retos del sector tecnológico es distinguir entre soluciones verdaderamente sostenibles y aquellas que solo usan la sostenibilidad como discurso.
En México, el avance de las soluciones IoT ha sido tan significativo que se celebró el primer Foro de Proveedores 2025, un espacio que reafirmó la visión de extender la responsabilidad corporativa a toda la cadena de valor. La sostenibilidad no es un tema aislado de las áreas ambientales; es una estrategia transversal que marca la competitividad de las empresas del futuro.
La adopción de tecnologías IoT mejora la eficiencia operativa: acelera el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Desde el ODS 7 (energía asequible y no contaminante) hasta el ODS 13 (acción por el clima), la inteligencia energética se ha convertido en un pilar para reducir emisiones, racionalizar recursos y construir empresas más responsables.
México necesita avanzar hacia modelos donde la sostenibilidad sea parte intrínseca del crecimiento económico, y esto empieza desde abajo.
La transición energética ya está ocurriendo, pero requiere liderazgo, innovación y tecnología que genere resultados verificables e impulse la economía circular. También debemos brindar acompañamiento. Las empresas pueden apostar por tecnologías que fortalezcan sus operaciones, reduzcan su impacto ambiental y consoliden su competitividad de largo plazo.
El futuro de la energía no depende de producir más, sino de consumir mejor. Y consumir mejor comienza con decisiones inteligentes.





