
El Mundial de Futbol de 2026 no solo será uno de los eventos deportivos más grandes de la historia. También será una prueba de estrés para la infraestructura energética y digital que sostiene el consumo cotidiano dentro de millones de hogares.
La combinación de streaming en alta definición, múltiples dispositivos conectados, aire acondicionado, videojuegos, redes sociales y consumo simultáneo de contenidos deportivos incrementará significativamente la demanda eléctrica residencial durante el verano de 2026, particularmente en países anfitriones como México.
En esta ocasión, la conversación energética alrededor del Mundial ya no se limita únicamente a estadios, iluminación o transmisión televisiva. El verdadero reto se traslada hacia el hogar digital.
Un Mundial más conectado y más intensivo en energía
La Copa Mundial de 2026 será la primera con 48 selecciones y 104 partidos, lo que incrementará significativamente el volumen global de transmisiones, interacción digital y consumo simultáneo de contenidos. De acuerdo con FIFA, el torneo ya ha superado las 500 millones de solicitudes de boletos, reflejando la expectativa de audiencia más alta en la historia del evento.
Sin embargo, el mayor volumen de consumo ocurrirá fuera de los estadios. La expansión del streaming deportivo, las plataformas digitales y la conectividad doméstica está desplazando gran parte de la experiencia del Mundial hacia entornos residenciales altamente digitalizados.
Este fenómeno implica un incremento paralelo en el consumo energético de dispositivos conectados, redes domésticas y sistemas de climatización, especialmente en ciudades con temperaturas elevadas durante el verano.
El hogar digital también consume infraestructura
El crecimiento del consumo digital tiene una relación directa con la infraestructura energética. Cada transmisión en streaming, repetición en tiempo real, interacción móvil o contenido generado en redes sociales depende de una cadena tecnológica que involucra centros de datos, redes de telecomunicaciones y sistemas eléctricos operando de forma continua.
La International Energy Agency (IEA) estima que el consumo eléctrico global de centros de datos podría alcanzar hasta 945 TWh hacia 2030, impulsado principalmente por inteligencia artificial, servicios digitales y crecimiento del tráfico de datos
Además, la propia IEA señala que la demanda eléctrica asociada a centros de datos está creciendo aproximadamente 15 % anual, más de cuatro veces por encima del crecimiento del resto de los sectores eléctricos.
Aunque eventos como el Mundial duran pocas semanas, generan picos extraordinarios de tráfico digital y consumo simultáneo que ponen presión tanto en infraestructura tecnológica como energética.
Un Mundial que no implica solo encender la televisión
La experiencia digital alrededor del futbol cambió radicalmente frente a ediciones anteriores. Hoy, un mismo hogar puede mantener simultáneamente la transmisión del partido vía streaming en 4K, dispositivos móviles conectados en tiempo real, videojuegos y aplicaciones deportivas activas, asistentes inteligentes, bocinas conectadas y sistemas de aire acondicionado funcionando durante varias horas.
Este ecosistema de consumo simultáneo incrementa significativamente la carga energética residencial, particularmente en horarios donde la demanda eléctrica ya alcanza niveles elevados debido a las altas temperaturas y el uso intensivo de climatización.
De acuerdo con análisis de Schneider Electric, la digitalización acelerada está modificando la relación entre consumo energético y conectividad, especialmente en entornos residenciales donde convergen entretenimiento, trabajo remoto y dispositivos inteligentes.
El Mundial 2026 funcionará como una muestra anticipada de la presión que la digitalización ejercerá sobre la infraestructura energética en los próximos años. La expansión de la inteligencia artificial, el streaming, los dispositivos conectados y los servicios digitales está modificando la forma en que se consume electricidad, trasladando parte de esa demanda hacia entornos residenciales cada vez más dependientes de conectividad y disponibilidad energética continua.
Este cambio implica un desafío para las redes eléctricas. La presión ya no provendrá únicamente de sectores industriales o grandes centros de datos, sino también de millones de hogares que operan simultáneamente como espacios de entretenimiento, comunicación, trabajo y consumo digital.
En este escenario, la conversación energética deja de centrarse exclusivamente en generación eléctrica y comienza a enfocarse en resiliencia, eficiencia y capacidad de adaptación de la infraestructura.
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Esta columna se publicó originalmente en la edición de junio de la revista Energy21.






