
El mercado de carga para vehículos eléctricos en México comienza a mostrar señales de despegue acelerado. En apenas dos años, el número de conectores gestionados por la empresa Enerlink pasó de apenas 20 en 2024 a 390, mientras que las transacciones de carga escalarán de 180 mil a cerca de 400 mil, reflejando una expansión exponencial en la infraestructura digital que sostiene la electromovilidad.
Luis Antonio Osorio, director general de la empresa, explicó en entrevista que este crecimiento no solo responde a una mayor adopción de vehículos eléctricos, sino a la consolidación de un ecosistema que comienza a madurar, particularmente en zonas urbanas donde la demanda por puntos de recarga se vuelve cada vez más crítica. En este sentido, la empresa prevé sumar 700 conectores de carga a su sistema en el corto plazo.
Uno de los factores estructurales detrás de este fenómeno es la limitada capacidad de carga en viviendas, especialmente en ciudades como la Ciudad de México, donde la expansión de vivienda vertical impide que muchos usuarios instalen cargadores propios. Esto está empujando la demanda hacia infraestructura pública, elevando la relevancia de redes de carga accesibles y bien distribuidas.
Enerlink es una empresa tecnológica chilena, enfocada en acelerar la electromovilidad mediante software de gestión de carga y hardware. Permite monitorear, controlar y optimizar la carga de flotas eléctricas como buses, camiones, taxis, y puntos de carga públicos para reducir costos.
El directivo mencionó que ya comienzan a surgir modelos de negocio especializados, como las electrolineras, estaciones dedicadas exclusivamente a la recarga eléctrica, que replican el esquema tradicional de suministro energético, pero adaptado a la nueva movilidad. Estas redes ya tienen presencia en ciudades como Puebla, Querétaro, Monterrey y Guadalajara, y buscan atender tanto trayectos urbanos como rutas interurbanas.
El crecimiento también se refleja en el transporte público. Sistemas como el Metrobús en la capital, así como redes en el Estado de México, Guadalajara y Monterrey, ya operan con monitoreo en tiempo real de su infraestructura de carga, lo que convierte a esta tecnología en un componente crítico para garantizar la operación diaria de miles de usuarios.
Políticas públicas
Sin embargo, el avance del mercado contrasta con un rezago en política pública. La falta de incentivos fiscales, marcos regulatorios claros y programas de adopción ha dejado el desarrollo de la electromovilidad principalmente en manos del sector privado. Incluso, decisiones recientes, como la eliminación de beneficios a vehículos híbridos podrían frenar la transición al eliminar opciones intermedias para los consumidores.
A esto se suma que, hasta hace poco, ni siquiera existían definiciones regulatorias claras, como el uso de suelo para estaciones de carga, lo que evidencia que la normativa sigue avanzando detrás del mercado.
En el frente tecnológico, herramientas como la inteligencia artificial comienzan a integrarse de forma gradual, principalmente en áreas de soporte y análisis de datos, aunque aún en una fase inicial de adopción dentro del sector.
Pese a estos desafíos, las perspectivas se mantienen al alza. La reducción en los precios de los vehículos eléctricos y el crecimiento sostenido en ventas anticipan una mayor presión sobre la infraestructura de carga en los próximos años.
Para Luis Antonio Osorio, el mercado mexicano de electromovilidad entra en una etapa clave, aún incipiente, pero con indicadores claros de aceleración, donde el reto ya no es solo crecer, sino hacerlo con la velocidad suficiente para no quedarse atrás frente a la demanda.
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