
La detección de hidrocarburo en el recinto portuario de Veracruz, reportada el pasado 4 de abril por la Secretaría de Marina (Semar), ocurre en un momento donde la trazabilidad de los contaminantes en el golfo de México descubiertos desde inicios de marzo de este año se ha vuelto difusa. En torno al buque CMA CGM Moliere -atracado desde el 27 de marzo en el muelle 14 de ICAVE-, la autoridad confirmó la presencia de residuos, pero no su origen, abriendo un frente de incertidumbre que trasciende el incidente puntual y se inserta en un entorno regional marcado por derrames sin autoría clara y efectos operativos en curso.
Contaminante sin origen definido
De acuerdo con el comunicado de la Semar emitido el 4 de abril, personal naval llevó a cabo labores de reconocimiento y saneamiento tras la detección de manchas e iridiscencias en la superficie del agua en el puerto de Veracruz. El hidrocarburo se encontraba contenido dentro de barreras colocadas alrededor del buque -de la francesa CMA CGM-, en un área aproximada de 20 por 30 metros, de donde se recolectaron cerca de 180 kilogramos de material contaminado.
El documento también aporta un elemento temporal relevante: desde el arribo del buque el 27 de marzo, ya se había constatado la presencia de dichas barreras de contención, lo que sugiere que el evento no fue inmediato ni necesariamente público desde su origen.
Pese a ello, la Marina evita establecer una relación causal directa. En lugar de atribuir el derrame, se limita a señalar la presencia de hidrocarburo “en inmediaciones” de la embarcación y confirma que no se detectó contaminación fuera del área contenida.
A más de una semana del arribo del buque y con el incidente ya atendido en su fase de contención, el origen del contaminante sigue sin determinarse. En ese contexto, una fuente cercana a las investigaciones del incidente indicó a T21 que este miércoles 8 de abril se realizará una inspección submarina certificada a la embarcación, con el objetivo de verificar si existe o no relación entre el buque y la presencia del hidrocarburo.
En contraste con la comunicación emitida por la Marina el 4 de abril, la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona) Veracruz no ha publicado, hasta ahora, un posicionamiento oficial sobre el incidente en sus canales institucionales, pese a tratarse de un evento ocurrido dentro del recinto portuario bajo su administración. Este elemento cobra relevancia considerando el peso operativo del puerto de Veracruz, que en 2025 se ubicó como el tercero en importancia a nivel nacional en el manejo de contenedores, con un millón 299 mil 337 TEU (contenedores de 20 pies) movilizados, solo por detrás de Manzanillo y Lázaro Cárdenas, de acuerdo con datos de la propia autoridad portuaria.
Por su parte, T21 buscó a directivos de CMA CGM para conocer su postura tras los hechos registrados entre el 27 de marzo y el 4 de abril; sin embargo, la naviera declinó ofrecer declaraciones por el momento.
Un especialista en navegación que solicitó el anonimato contó a T21 que posiblemente el capitán del barco ha solicitado la limpieza del casco de la embarcación ante una posible negación de ingreso en sus próximos puertos de recalada por la contaminación por hidrocarburos, como pudiera ser el puerto de Houston, en Texas.
Operación portuaria bajo presión
La permanencia del buque CMA CGM Moliere en la terminal de ICAVE, mientras se esclarece el origen del hidrocarburo, ya ha derivado en retrasos en la llegada y atención de otras embarcaciones, lo que anticipa una afectación en la cadena logística para usuarios del comercio exterior, particularmente importadores y exportadores.
A ello se suma que la propia terminal de ICAVE no ha podido realizar la descarga de un buque que arribó esta misma semana con nuevo equipamiento, entre el que se incluyen grúas de muelle y de patio, lo que añade presión a la operación en un puerto que se mantiene como uno de los principales nodos de contenedores en el país.
El impacto ocurre, además, en un contexto ya tensionado. Desde inicios de marzo, un derrame de hidrocarburos en el golfo de México -aún sin origen esclarecido por parte de las autoridades federales- ha comenzado a incidir en la operación marítima regional. Alertas del sector logístico refieren que navieras como Ocean Network Express (ONE) han registrado restricciones a la navegación, desvíos de buques, demoras y costos adicionales en puertos como Veracruz y Altamira.
Si bien no existe confirmación de que ambos eventos estén vinculados, la coincidencia temporal entre un derrame regional activo y un incidente local sin trazabilidad definida introduce un factor adicional de presión sobre la operación portuaria.
Así, lo que inició como un evento contenido en un área delimitada evoluciona hacia un escenario más amplio: hidrocarburos cuya procedencia no ha sido determinada, operaciones que comienzan a resentir sus efectos y una cadena logística que, ante la incertidumbre, empieza a ajustar tiempos y costos.
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