
El combustible ya no solo se roba con mangueras, sino también con contraseñas, ya que en los últimos 6 o 7 años, los intentos de ciberataques contra estaciones de servicio en México han crecido entre 70% y 80%, advierte Aldo Vargas, fundador de la empresa Kernotek, especializada en sistemas tecnológicos para el control y operación del sector gasolinero.
“El incremento ha sido exponencial y, en muchos casos, silencioso. Hay ataques que no se denuncian por miedo o desconocimiento, y eso hace que el problema se subestime. Pero el riesgo es real, ya que la información se secuestra, las ventas se manipulan y los datos financieros quedan comprometidos”, señala el directivo.
Las estaciones de servicio, explica Vargas, se han convertido en blancos atractivos porque manejan enormes volúmenes de información sensible: transacciones con tarjetas, saldos de clientes, créditos internos y bases de datos administrativas.
“Hay casos en los que un hacker logra alterar registros y desaparecer ventas o generar robos internos de combustible. También hemos visto ejemplos donde empleados manipulan las bases de datos abiertas y, con el tiempo, provocan boquetes millonarios”, menciona.
La ciberseguridad, insiste, no depende solo de los sistemas tecnológicos, sino de la conducta humana. “El problema más grande es la falta de cultura. Puedes tener el software más caro del mercado, pero si el administrador pega su contraseña en un papel junto al monitor, ya abriste la puerta al atacante”, advierte el fundador de Kernotek.
Vargas estima que menos del 5% de las estaciones de servicio en México aplica buenas prácticas de ciberseguridad. No porque carezcan de sistemas avanzados que la autoridad ya exige, sino porque fallan en la disciplina del usuario.
“La ingeniería social es la nueva herramienta de los delincuentes. Te engañan, te hacen confiar, y tú mismo les das acceso. Es como el caballo de Troya: la muralla puede ser perfecta, pero si tú invitas al enemigo a pasar, todo se derrumba”, afirma.
Explica que el fenómeno es parte de una tendencia global, impulsada por la interconexión total de los sistemas.
“Todo está en línea, los tanques, los puntos de venta, la facturación, las cámaras. Y entre más conectado esté todo, más vulnerabilidades se abren. Por eso el tema ya no es tecnológico, sino cultural. Necesitamos aprender a proteger la información igual que protegemos nuestras casas o nuestros autos”, señala.
Pero…
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