
En 2017, un conato de incendio cambió el rumbo de una empresa que hasta entonces se dedicaba a importar maquinaria pesada para la industria petrolera. Lo que parecía un accidente terminó por revelar una tecnología que hoy se presenta como un parteaguas en la remediación ambiental: un degradador molecular de hidrocarburos desarrollado en México.
Así nació Disol-Eco, un producto que, en palabras de su fundador, Gabriel Carlón, logró no solo mover la grasa, sino degradar el hidrocarburo.
La remediación de un acuífero o suelo contaminado puede superar los 800 mil dólares, dice el entrevistado. Disol-Eco reduce ese impacto económico con intervenciones que pasan de hasta dos años a apenas 15 días en suelos con hidrocarburo pesado.
Del desengrasante al “santo grial”
Antes del hallazgo, Importaciones Carlón enfrentaba un problema constante: la maquinaria llegaba impregnada de crudos recalcitrantes y combustibles pesados difíciles de remover. “Fabricábamos un desengrasante muy bueno, pero solo cambiaba la tensión superficial… seguía habiendo contaminación”, explica Gabriel.
El 31 de marzo de 2017, durante un conato de incendio, aplicaron varias fórmulas y agua para sofocar el fuego. El resultado fue inesperado: “Vimos que el hidrocarburo perdió las propiedades físicas y químicas”.
Laboratorios en Estados Unidos y la Universidad Tecnológica de Panamá confirmaron el hallazgo. “Nos dijeron que estábamos ante el santo grial”.

La ruptura molecular
Disol-Eco se define como un degradador molecular de hidrocarburos. No es dispersante ni desengrasante tradicional. Su principio tecnológico es la hidrólisis (ruptura molecular inducida por agua).
Formulado a base de cítricos, soya, coco y aceites esenciales, incorpora un proceso de nanotecnología que optimiza la ruptura de enlaces covalentes. En términos prácticos, elimina la fase libre del hidrocarburo, modificando sus propiedades físicas y químicas. A diferencia de los dispersantes –que fragmentan el crudo en microgotas que precipitan– Disol-Eco actúa sobre la estructura molecular.
Ventajas frente a métodos tradicionales
El mercado de remediación ambiental ha operado históricamente con dispersantes, absorbentes y barreras físicas. Carlón sostiene que muchos dispersantes son tóxicos y generan residuos adicionales. “El 95% de los países ya prohibió el uso de dispersantes”. En contraste, Disol-Eco apunta a reducir tiempos y costos totales.
“Nosotros lo hacemos en un 10% del tiempo”, puntualiza. En términos económicos, compara: “300 mil dólares versus 10 mil dólares”. Si bien reconoce que el producto es “10 o 15 veces más caro que un desengrasante”, sostiene que el costo-beneficio es superior al disminuir hasta 70% los residuos sólidos generados.
Expansión global y retos regulatorios
Panamá fue el primer país en validar la tecnología, con respaldo de la Universidad Tecnológica de Panamá y aplicación en operaciones vinculadas al Canal. Desde ahí, Disol-Eco se expandió a Colombia, Venezuela, Perú, Argentina, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Brasil y Chile.
Hoy tiene presencia en 25 países y se utiliza en ocho refinerías relevantes, entre ellas YPF, Ecopetrol, Pemex y Valero. Según Gabriel, autoridades marítimas como las de Singapur y Perú solicitan capacitaciones para su uso ante derrames.
El desarrollo es mexicano y fue descubierto por Carlón y su hijo, ambos licenciados en comercio internacional. La fórmula pertenece a Importaciones Carlón (Imcar) e Imacar & Disol-Eco; la patente está en trámite ante el IMPI.
El principal reto es regulatorio: en Estados Unidos no existe categoría para un degradador molecular y en México se les evalúa bajo criterios de dispersantes. “Estamos luchando por eso”, señala.
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