El nombramiento de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano al frente de la Comisión Consultiva del Petróleo en Petróleos Mexicanos (PEMEX) no responde a una lógica técnica, sino política, lo que confirma que el sector energético mexicano sigue condicionado por una visión ideológica del pasado, opinó Marcial Díaz, socio director de QUA Energy.
Para el experto la creación de este órgano, anunciado en el marco del aniversario de la Expropiación petrolera de México, busca reforzar la narrativa del petróleo como símbolo de soberanía nacional, más que atender los problemas estructurales que enfrenta la petrolera.
“El movimiento no redefine el rumbo del sector, lo reafirma”, sostiene Díaz Ibarra.
Menciona que PEMEX no atraviesa una crisis de identidad, sino de viabilidad operativa, eficiencia financiera y sostenibilidad productiva.
La Comisión Consultiva fue planteada como un espacio de análisis estratégico sobre el entorno de los hidrocarburos. Sin embargo, su carácter no vinculante y el perfil de su presidente generan dudas sobre su capacidad real de incidir en la toma de decisiones de fondo dentro de la petrolera.
Para el especialista, el riesgo es que el petróleo vuelva a ser utilizado como instrumento político, en un momento en que la industria global se redefine por factores como la descarbonización, la volatilidad de los mercados y el avance tecnológico.
En ese contexto, advierte que insistir en una lectura simbólica del sector puede resultar políticamente rentable, pero estratégicamente insuficiente.
“PEMEX requiere disciplina de capital, asociaciones inteligentes y un rediseño profundo de su modelo de negocio”, señala.
La empresa enfrenta una caída sostenida en exportaciones, una alta dependencia de importaciones de gas natural y combustibles, así como presiones sobre sus finanzas. Aun así, la apuesta institucional parece centrarse en reforzar el discurso soberanista.
Además, el apellido Cárdenas remite directamente al legado de Lázaro Cárdenas del Río, figura central en la construcción del nacionalismo energético en México. Pero, de acuerdo con Díaz Ibarra, ese mismo simbolismo puede convertirse en un ancla que limite la capacidad de adaptación del país frente a un entorno energético en transición.
“El petróleo hoy es un activo sujeto a presiones de mercado, tecnología y descarbonización. No puede seguir interpretándose únicamente desde la narrativa histórica”, añade.
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