
La relocalización industrial no se explica solo por geografía o tratados comerciales. Su viabilidad descansa, ante todo, en suministro firme, continuo y competitivo. En México, ese soporte se llama gas natural.
El plan quinquenal del Centro Nacional de Control del Gas Natural (Cenagas) –ya preaprobado y alineado al Programa Sectorial de Energía (ProSener)– cobra una dimensión estratégica: será determinante para sostener el crecimiento manufacturero del país.
Hoy, entre el 54% y el 61% de la electricidad que se consume en México se genera con gas natural, según datos de CFE Energía. Esto significa que cada nuevo parque industrial, data center, planta automotriz o complejo siderúrgico que se instala en territorio nacional incrementa directamente la presión sobre el sistema gasífero.
Proyectos e inversiones
El plan del organismo refleja una visión estructural del gas natural como eje del sistema energético mexicano. La planeación contempla inversiones públicas por alrededor de 32 mil millones de pesos en infraestructura a lo largo del sexenio, dirigidas principalmente a rehabilitación de instalaciones, nuevas obras y expansión de gasoductos estratégicos.
Este componente de inversión pública se complementa con esquemas mixtos, particularmente en almacenamiento, donde se prevé una participación relevante del capital privado bajo supervisión regulatoria, afirma Cuitláhuac García Jiménez, titular de Cenagas.
Almacenamiento estratégico
Uno de los pilares del plan es el desarrollo del almacenamiento estratégico de gas natural, un componente históricamente rezagado en México. Actualmente, el país cuenta con alrededor de 2.5 a 3 días de almacenamiento, una cifra limitada frente a estándares internacionales.
La meta institucional es superar los 10 días de reserva estratégica, e incluso ampliarla conforme maduren los proyectos y la tecnología aplicada.
“Para ello, Cenagas analiza alternativas técnicas como cavernas salinas y yacimientos agotados, distribuidos en tres regiones clave del norte, centro y sur, con el objetivo de robustecer la resiliencia del sistema interconectado de gasoductos”, indica el funcionario.
La aportación de gas de PEMEX al sistema aumentó de 34% a cerca de 40%, reduciendo parcialmente la dependencia de importaciones. Sin embargo, este incremento también genera presión sobre la capacidad de transporte e inyección al sistema, lo que justifica nuevas inversiones en ductos y procesamiento.
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