
En medio del derrame de hidrocarburos que ya impacta más de 900 kilómetros de las costas del Golfo de México, especialistas del sector energético advierten que la raíz del problema es estructural, ya que más del 50% de estos incidentes está asociado a fallas en mantenimiento de infraestructura.
De acuerdo con la firma tecnológica Fracttal, la ausencia de inspección y atención preventiva en oleoductos favorece procesos de corrosión, microfisuras y fallas en materiales que, con el tiempo, derivan en fugas de gran escala.
El señalamiento cobra relevancia en un contexto donde el derrame reciente ha reavivado cuestionamientos sobre las condiciones operativas de la infraestructura petrolera en México, particularmente en ductos y sistemas de transporte de hidrocarburos.
“La falta de mantenimiento es una de las causas más críticas. Sin supervisión adecuada, las tuberías sufren oxidación y fallas en sistemas de protección, lo que termina en perforaciones y fugas con impactos ambientales severos”, explicó Tomás Allen, vicepresidente de ventas para América Latina de la compañía.
En la industria Oil & Gas, los paros no programados derivados de fallas pueden costar hasta 500 mil dólares por hora, lo que presiona tanto la rentabilidad de las empresas como la continuidad operativa en toda la cadena energética.
Además, incluso interrupciones equivalentes al 1% del tiempo de operación pueden traducirse en pérdidas cercanas a 5 millones de dólares, sin considerar costos indirectos como daños ambientales, sanciones regulatorias o deterioro reputacional.
En México, los antecedentes refuerzan el diagnóstico, pues Petróleos Mexicanos reportó que en 2023 sólo cumplió con el 57.1% de las acciones de mantenimiento programadas en refinerías, debido a limitaciones presupuestales.
A esto se suma que, entre diciembre de 2018 y julio de 2024, la petrolera acumuló al menos 270 derrames y fugas de impacto moderado y alto, de acuerdo con la organización Causa Natura A.C., muchos de ellos vinculados a deficiencias en mantenimiento.
Investigaciones recientes apuntan que la corrosión de ductos y la degradación de materiales son factores recurrentes detrás de estos eventos, lo que evidencia un problema sistémico en la gestión de activos del sector.
Tecnología, la apuesta para evitar nuevos derrames
Ante este panorama, la industria ha comenzado a acelerar la adopción de mantenimiento predictivo, apoyado en sensores, análisis de datos e inteligencia artificial.
Actualmente, 9 de cada 10 empresas del sector a nivel global invierten en estas tecnologías, con el objetivo de anticipar fallas antes de que se conviertan en incidentes mayores.
Herramientas como los “Pigs” inteligentes, dispositivos que recorren el interior de los ductos, permiten recolectar datos magnéticos y acústicos para detectar anomalías mínimas, como pérdidas de espesor en el metal de apenas 1%, imposibles de identificar con métodos tradicionales.
El uso de inteligencia artificial para procesar esta información permite focalizar riesgos y prevenir rupturas, en un momento donde la presión por evitar nuevos desastres ambientales y pérdidas económicas es cada vez mayor.





