
2026 es un año de transformación a nivel mundial, somos testigos de cómo día con día se pone a prueba la resiliencia del sector energético y la capacidad de las naciones por fortalecer sus sistemas e impulsar la transición a energías más limpias para beneficio de su población y sus industrias. En México esta necesidad se materializa a través de la Ley de Planeación y Transición Energética (LPTE) y de su articulación con el Código de Red (que son criterios técnicos que deben cumplir las empresas para garantizar que el Sistema Eléctrico Nacional se desarrolle, opere y modernice de manera eficiente, segura y sustentable), con este contexto y en el marco de estas regulaciones se prevé que próximamente se publiquen a detalle los nuevos criterios de cumplimiento para las empresas; esto significa que deberán comenzar a prepararse para las nuevas obligaciones que a partir de 2027 tienen que cumplir.
Desde que inició la conversación sobre estas nuevas regulaciones, se han generado diversas opiniones, ya que para algunos se considera una ley rígida y costosa, debido a las altas multas que se generarán por el incumplimiento; pero ¿qué significa realmente para las empresas?
No se trata de crear un nuevo padrón, ya que las instalaciones categorizadas como de alto consumo, (que gastan más de 45 GWh de electricidad al año), ya tenían la obligación de reportar a entes regulatorios. Lo que ha cambiado es la naturaleza del cumplimiento, ahora se deberá tener una permanencia mínima de tres años en el padrón, georreferenciación obligatoria de instalaciones y un Sistema de Gestión de Energía (SGE) como eje.
Es decir, una exigencia formal de información sobre sus consumos de energía, producción/servicios, medidas de eficiencia, resultados y estatus de la implementación de este sistema.
Desde la perspectiva del gobierno, la nueva regulación tiene como objetivo ordenar el uso de la energía con base en planeación, medición y desempeño, para fortalecer la confiabilidad del sistema y avanzar en la transición energética sin presionar tarifas ni cobertura; lo que está alineado con la Estrategia Nacional de Electricidad y que, de acuerdo a discurso oficial, busca reafirmar la rectoría del Estado, priorizar modernización y generación más limpia, y exigir disciplina técnica.
Cumplimiento energético con datos y desempeño
Es decir que, para el sector privado, el mensaje es de continuidad, pero con condiciones; exige reglas operativas claras, observancia estricta del Código de Red, requisitos de respaldo para tecnologías intermitentes y cumplimiento de estándares de medición y verificación. En síntesis, hay espacio para invertir, pero bajo una lógica de datos y desempeño que alinee los objetivos empresariales con la estabilidad del sistema.
Con este panorama, el cumplimiento por parte del sector privado es ineludible; sin embargo, la oportunidad que esto representa para la optimización de sus propias operaciones es inmensa. Adoptar un SGEy el cumplimiento del Código de Red debe ser visto como una oportunidad; estoy segura de que muchas empresas no estén viendo todavía el increíble valor que tienen los datos de operación y gestión energética, lo cual comenzarán a observar una vez que inicien con estos cumplimientos, e. En poco tiempo se darán cuenta de que es posible identificar por ejemplo ineficiencias invisibles que drenan el margen, primas de riesgo en financiamiento sostenible o la pérdida de elegibilidad en cadenas de suministro que exigen ya una trazabilidad de energía y emisiones.
Del trámite regulatorio a la ventaja competitiva
El SGE buscar ordenar el desempeño puertas adentro; mientras que el Código de Red fija la observancia técnica hacia la red, es decir, son frentes complementarios que, bien gestionados, elevan la competitividad. Además de que para algunas industrias estos datos ya son piezas clave para la retención de clientes, en las industrias exportadoras, por ejemplo, la verificación de desempeño energético ya es una cláusula implícita de acceso a clientes y contratos.
Para las empresas, entonces, medir con disciplina les permitirá descubrir ahorros con retornos rápidos y reducirá exposición a volatilidad de precios.
Es una realidad que, sin medición no hay gestión, y sin gestión no hay cumplimiento. Las empresas que actúen desde ahora llegarán a 2027 con indicadores verificables, menor riesgo regulatorio y mejores condiciones de financiamiento y contratación. Así, el cumplimiento deja de ser un trámite para convertirse en acreditación de desempeño con evidencia, lo que habilita la adopción de tecnologías digitales de monitoreo, control y analítica y la consolidación de una cultura energética orientada a resultados, un factor que en México se traducirá en una efectiva ventaja competitiva para la industria.





