
La transición energética se perfila como uno de los temas emergentes en la discusión sobre la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), luego de que actores económicos y gobiernos estatales plantearan la necesidad de avanzar hacia una matriz energética más limpia con reglas claras y cooperación regional.
De acuerdo con un informe de consultas públicas realizadas por la Secretaría de Economía de México, varios estados señalaron la importancia de establecer un marco ordenado de transición hacia energías limpias, acompañado de certidumbre regulatoria para la participación de empresas privadas y esquemas de cooperación trilateral dentro de América del Norte.
Las propuestas surgieron en el proceso de consultas organizado por el gobierno mexicano de cara a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, prevista conforme al mecanismo de evaluación establecido seis años después de su entrada en vigor. El ejercicio incluyó 30 mesas sectoriales y consultas en las 32 entidades federativas, con participación de empresas, cámaras industriales y actores económicos.
Los participantes señalaron que la transición energética tiene implicaciones directas en la competitividad de la región. El informe subraya que el fortalecimiento de la infraestructura energética y logística será clave para consolidar la integración productiva de América del Norte, particularmente en un contexto de relocalización de cadenas de suministro.
En este sentido, la disponibilidad de electricidad confiable, infraestructura de gas natural y fuentes de energía limpia se perfila como un factor determinante para que México pueda captar inversiones vinculadas al nearshoring.
Las consultas también identificaron desigualdades territoriales en infraestructura energética, un elemento que podría limitar el aprovechamiento de los beneficios del acuerdo comercial en algunas regiones del país.
De acuerdo con el informe, varios estados advirtieron que estas brechas afectan la capacidad de integrarse a cadenas de valor regionales y a proyectos industriales vinculados con la manufactura avanzada y la exportación.
Otro de los temas planteados por algunos participantes fue la posibilidad de crear instrumentos o mecanismos complementarios para sectores estratégicos como energía y minería, que permitan contar con vías más claras de cooperación o solución de controversias dentro del marco del tratado.
Aunque existe consenso en preservar la estructura actual del acuerdo, el documento señala que estas propuestas reflejan la intención de modernizar la agenda de integración económica de América del Norte frente a nuevos retos como la descarbonización, la seguridad energética y la competencia industrial global.
Los sectores consultados coincidieron en que el T-MEC continúa siendo un instrumento clave para la certidumbre jurídica, la integración productiva y la atracción de inversión extranjera, aunque señalaron la necesidad de mejorar su implementación y fortalecer la competitividad regional.





