
El phishing se consolidó como la principal amenaza digital para los usuarios de telecomunicaciones en México durante 2025, toda vez que 13.5 millones de personas, o 13.5% de los internautas del país, fueron víctimas de este fraude, señala la consultoría The Competitive Intelligence Unit (CIU).
Este ciberdelito implica pérdidas de 8 mil 750 pesos por persona, y las reclamaciones por fraude cibernético proyectadas para 2025 alcanzan 6.3 millones, un incremento de 5.7% respecto al año previo. El informe detalla que tres de cada cuatro casos de fraude reportados en México ya son de origen digital.
El 34% de los internautas mexicanos ha recibido mensajes sospechosos que solicitan datos personales, y uno de cada tres admite sentirse poco o nada preparado para reconocer un intento de fraude antes de caer en él.
Según el análisis, 61.5% de las víctimas perdió contraseñas, 38.5% tuvo exposición de datos personales, 23.1% sufrió pérdida directa de dinero y 15.4% perdió acceso a sus cuentas bancarias.
El 95% de los mensajes de spam y fraude proviene de operadores de telefonía fija, no de redes móviles. Los operadores móviles ya utilizan software con inteligencia artificial para detectar y filtrar mensajes maliciosos, una capa de defensa que en la red fija opera con menor eficacia.
Los mensajes fraudulentos más frecuentes simulan cobranza con amenazas, transacciones bancarias apócrifas o comunicaciones de empresas reales.
Del total de fraudes identificados, tres modalidades concentran 76.9% de los casos: las llamadas que simulan provenir del banco representan 35.8%, los mensajes de SMS o WhatsApp que solicitan datos personales suman 22.2%, y los portales falsos que imitan a instituciones financieras explican el 18.9% restante.
La recomendación de CIU para el usuario es sospechar de cualquier SMS bancario enviado desde un número de 10 dígitos, pues los bancos siempre envían sus comunicaciones desde números cortos exclusivos o identificados con su nombre, por lo que un mensaje que aparenta ser bancario pero llega desde un número celular convencional es, por definición, sospechoso.
Pese a la magnitud del problema, las medidas de prevención que aplica la población siguen siendo parciales. Solo 45.6% evita dar clic en enlaces sospechosos, 34.4% verifica la identidad del remitente antes de responder, 22.8% cambia sus contraseñas periódicamente y 18.6% utiliza antivirus o software de seguridad. Uno de cada cinco usuarios, 17.7%, no toma ninguna precaución específica.
CIU advierte que el reto para el sector, autoridades, bancos y operadores, ya no está en la reclamación y compensación posterior al fraude, sino en migrar hacia la prevención, identificación y bloqueo oportuno de las comunicaciones fraudulentas antes de que lleguen al usuario.
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