
Mientras Petrobras ha demostrado que una petrolera estatal puede ser rentable, atraer inversión, asociarse con privados y reponer sus reservas sin perder el control del Estado, Pemex, en cambio, sigue enfrentando problemas financieros y operativos. A partir del reciente acuerdo de cooperación entre ambas empresas, la firma NP & Co Consulting plantea cinco lecciones que la petrolera mexicana podría tomar del modelo brasileño.
En un análisis, la consultoría destaca que la principal lección que deja el caso brasileño es que una empresa estatal no necesita privatizarse para ser eficiente. Lo que requiere es contar con reglas institucionales que le permitan operar con criterios empresariales.
“Pemex no necesita dejar de ser del Estado; necesita que el Estado le permita operar como empresa”, señala el documento.
La consultoría sostiene que la experiencia de Petrobras ofrece al menos cinco cambios que podrían ayudar a fortalecer a la petrolera mexicana.
1. Separar la política energética de la gestión empresarial
Uno de los cambios más relevantes implementados en Brasil fue la diferenciación clara entre las funciones del Estado, los reguladores y la empresa operadora.
Mientras el gobierno define la política energética nacional, Petrobras ejecuta sus proyectos bajo criterios técnicos y comerciales.
Para la consultoría, esta separación permitió reducir la interferencia política en las decisiones operativas y fortalecer la capacidad de ejecución de la empresa.
En México, en cambio, buena parte de las decisiones estratégicas de Pemex continúan estrechamente vinculadas a los objetivos de política pública del gobierno federal, lo que en ocasiones limita la flexibilidad empresarial.
2. Convertir la reposición de reservas en una prioridad estratégica
Durante 2025, Petrobras logró reponer 175% de las reservas asociadas a su producción y mantiene una relación reservas-producción de 12.5 años.
La consultoría considera que este indicador debería ocupar un lugar central dentro de la estrategia de Pemex.
Una petrolera puede mantener o incluso incrementar temporalmente su producción, pero si no reemplaza los hidrocarburos que extrae, compromete su viabilidad futura, explica.
“Las reservas deben verse como un indicador de salud institucional y no solamente como una cifra técnica”, sostiene el análisis.
3. Impulsar asociaciones sin que ello implique perder soberanía
Otro de los puntos centrales del modelo brasileño es la utilización de asociaciones estratégicas con empresas petroleras internacionales.
Petrobras participa regularmente en proyectos con compañías privadas, comparte riesgos de inversión y accede a nuevas tecnologías sin perder el control estatal.
Para la consultoría, México podría avanzar en una estrategia similar. El argumento es que las alianzas no representan necesariamente una privatización, sino mecanismos para acelerar inversiones, reducir riesgos financieros y desarrollar proyectos de mayor complejidad tecnológica.
La discusión cobra relevancia en momentos en que el gobierno mexicano impulsa los nuevos contratos mixtos como herramienta para atraer capital privado al sector energético.
4. Fortalecer la transparencia y el gobierno corporativo
El acceso al financiamiento depende cada vez más de la confianza que generan las empresas ante inversionistas y mercados.
En ese sentido, Petrobras opera bajo estándares de transparencia corporativa, reporta información a inversionistas internacionales y está sujeta a procesos de auditoría y supervisión propios de las compañías que cotizan en bolsa.
La consultoría considera que Pemex requiere avanzar en la misma dirección mediante consejos de administración con perfiles técnicos, mecanismos de rendición de cuentas más robustos y procesos de evaluación independientes.
La confianza, concluye el documento, se ha convertido en un activo financiero tan importante como los propios activos petroleros.
5. Aplicar disciplina de capital en cada proyecto
La última lección se relaciona con la asignación de recursos. El análisis propone que las inversiones de Pemex sean evaluadas bajo criterios estrictamente económicos, considerando rentabilidad, riesgos y generación de valor de largo plazo.
La idea es priorizar proyectos con mayor viabilidad financiera y evitar que las decisiones de inversión respondan exclusivamente a metas volumétricas o consideraciones políticas.
Según la consultoría, una disciplina de capital más rigurosa permitiría mejorar la rentabilidad de la empresa y optimizar el uso de recursos públicos.
Más que un convenio
Para los especialistas, el acuerdo entre Pemex y Petrobras no debe interpretarse únicamente como un mecanismo de cooperación técnica.
Su mayor valor podría estar en abrir una conversación sobre el modelo de empresa que México necesita para enfrentar los desafíos energéticos de las próximas décadas.
Petrobras demuestra que una petrolera estatal puede mantener el control público, competir globalmente, asociarse con inversionistas privados y generar valor para el país. La pregunta de fondo es si Pemex está dispuesta a recorrer ese mismo camino.
“La verdadera pregunta no es si Pemex debe ser pública o privada. La verdadera pregunta es si Pemex puede convertirse en una empresa pública moderna, profesional, transparente y competitiva”, concluye el análisis.
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