
El uso de bacterias que “comen” petróleo podría ser una alternativa para acelerar la limpieza del reciente derrame de crudo en el Golfo de México, señalan expertos.
De acuerdo con el consultor energético Ramsés Pech, estos microorganismos tienen la capacidad de consumir compuestos del petróleo y transformarlos en sustancias menos tóxicas mediante procesos naturales de biodegradación. Su aplicación consiste en estimular bacterias ya presentes en el entorno o introducir cepas específicas para acelerar la descomposición del crudo.
Entre las más utilizadas se encuentra Alcanivorax, considerada altamente eficiente para degradar hidrocarburos alifáticos y con rápida proliferación en ambientes marinos cálidos. También destacan Pseudomonas, que descompone una amplia gama de compuestos del petróleo; Marinobacter, común en zonas contaminadas; y bacterias del grupo Oceanospirillales, que se multiplican en presencia de crudo y participan en su degradación natural.
Estos microorganismos han sido utilizados en derrames relevantes. En el caso del derrame Exxon Valdez en Alaska durante 1989, la bioestimulación con nutrientes permitió acelerar la degradación del petróleo en playas contaminadas. Posteriormente, durante el derrame de Deepwater Horizon de PB, en el Golfo de México durante 2010, las bacterias marinas contribuyeron a la reducción de hidrocarburos en la columna de agua.
También se han aplicado en incidentes en Corea del Sur en 2007, así como en programas de remediación en Canadá y Alaska en años recientes.
La biorremediación se utiliza principalmente en escenarios con crudo pesado, en ecosistemas sensibles como manglares y marismas, o en zonas de difícil acceso, donde la intervención mecánica es más compleja, explicó el experto.
En estos casos, las bacterias permiten acelerar la degradación sin remover físicamente grandes volúmenes de material.
Los costos varían según la magnitud del derrame y las condiciones del sitio. El tratamiento puede oscilar entre mil 500 y 6 mil dólares por hectárea, mientras que en eventos de entre 10 mil y 100 mil barriles los costos integrales se ubican entre 80 y 250 dólares por metro cúbico contaminado, incluyendo aplicación de microorganismos, logística y monitoreo.
En el Golfo de México, las condiciones de temperatura y salinidad favorecen la actividad de estas bacterias, lo que permite su uso como parte de una estrategia complementaria para la atención de derrames.
El derrame afectó una zona de más de 630 kilómetros y contaminó las costas de Veracruz, Campeche, Tabasco y Tamaulipas, provocando muerte de fauna y de flora. Hasta el momento el Gobierno desconoce el origen del derrame, aunque lo atribuye a un buque de origen desconocido y a chapopoteras que emanan hidrocarburo del complejo Cantarell.
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