
En materia energética, las cifras rara vez mienten; lo que cambia es su lectura. La caída en las importaciones privadas de gasolinas y diésel a niveles no vistos desde la pandemia puede parecer un ajuste comercial, pero abre una pregunta mayor: ¿estamos frente a una nueva configuración del mercado o un proceso de concentración que terminará debilitando la seguridad energética del país?
México es de los mercados de combustibles más importantes de América Latina. Con un consumo cercano a los 216 millones de litros diarios y 14,235 permisos vigentes, el negocio sigue siendo atractivo, pero las condiciones cambiaron para participar en él.
La rentabilidad ya no depende únicamente de la eficiencia operativa. Hoy, exige navegar un marco regulatorio cada vez más complejo, absorber altos costos de cumplimiento y de operar bajo reglas que con frecuencia cambian antes de que las inversiones maduren. El resultado se observa en las decisiones empresariales: importar menos también envía un mensaje.
Las inversiones en infraestructura energética —terminales de almacenamiento, instalaciones portuarias, sistemas logísticos y transporte especializado— requieren recuperar capital en 10 o 20 años. Ningún inversionista compromete recursos cuando la mayor incertidumbre no es el mercado, sino la regulación.
Fortalecer a Pemex no debe implicar desplazar a privados: la competencia genera eficiencia; reducir opciones, en cambio, limita al mercado. La empresa estatal ha recuperado participación con una política comercial más agresiva y mayor presencia importadora.
Pemex concentra el 61.9% del mercado, mientras que el resto se reparte entre Mobil (4.9%), G500 (3.4%) y más de 270 marcas que juntas apenas alcanzan el 29.8%. Sin embargo, una mayor concentración del abastecimiento bajo un solo jugador no necesariamente se traduce en un sistema más sólido.
Los sistemas energéticos más robustos del mundo tienen una característica común: diversifican riesgos, proveedores, infraestructura y fuentes de suministro. Depender de un solo actor incrementa la vulnerabilidad ante contingencias operativas, financieras o logísticas. La resiliencia de un mercado no está en el tamaño de su principal empresa, sino en la capacidad del sistema para responder cuando alguno de sus participantes enfrenta dificultades.
La discusión tampoco debe centrarse en la calidad de los combustibles, pues las especificaciones técnicas seguirán siendo las mismas independientemente del origen del producto. El verdadero impacto aparecerá en otros frentes:
- menor inversión privada, asfixia de la innovación comercial,
- estancamiento en la expansión de infraestructura y
- reducción gradual en la competencia por ofrecer mejores servicios al consumidor.
El mayor riesgo no es que Pemex tenga una posición dominante, sino en que el mercado deje de ser atractivo para que nuevos inversionistas. Si los privados dejan de construir terminales, almacenar inventarios o importar combustibles, el impacto no se verá de inmediato en las estaciones de servicio; aparece años después, cuando el país requiera infraestructura que nunca desarrolló.
La política energética no debe verse como elección Estado o mercado. México necesita ambos. Requiere una empresa pública fuerte, financieramente sana y competitiva, pero también inversión privada para complementar la infraestructura que el Estado difícilmente podrá financiar solo. La fortaleza del sistema no depende de quién controla el mercado, sino de contar con suficientes participantes capaces de garantizar el suministro bajo cualquier circunstancia.
En energía, la competencia no es un lujo ideológico: es un mecanismo de seguridad nacional.
Si México aspira a construir un sistema energético resiliente para las próximas décadas, la discusión ya no debe centrarse en quién importa más combustible, sino en cómo recuperar la confianza para que se vuelva a invertir en el país. Porque cuando la competencia desaparece, lo que está en riesgo no es únicamente un modelo de negocio; está en juego la seguridad energética de México.
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Esta columna se publicó originalmente en la edición de julio de la revista Energy21. ¡Consulta la edición completa!






