
El sector energético atraviesa una transformación estructural impulsada por la transición energética, la presión regulatoria y la aceleración tecnológica. En este contexto, la innovación dejó de ser una función aislada para convertirse en el eje que redefine la competitividad de las empresas.
De acuerdo con el estudio Energy Trends de NTT DATA, la industria enfrenta una tensión constante entre sostenibilidad, seguridad energética y viabilidad económica, lo que obliga a operar en un entorno más complejo y volátil.
Hoy, innovar ya no es probar tecnologías en paralelo al negocio. Es integrar capacidades digitales, datos y nuevas soluciones en toda la cadena de valor. Así, la innovación deja de ser una función táctica para convertirse en una capacidad estructural.
Escalar, medir y transformar cultura
El desafío no es menor. Las empresas energéticas ya no compiten solo por eficiencia, sino por su capacidad de transformar su modelo operativo.
Entre los principales retos destaca la dificultad de escalar la innovación. Muchas organizaciones logran pilotos exitosos, pero no consiguen llevarlos a operación real. “Si no puedo integrarla, por muy buena que sea, sin acción no es innovación”, advierte António Coutinho, CEO EDP Innovation, en el estudio.
A esto se suma la necesidad de medir el impacto estratégico de la innovación y no solo la actividad. La presión por demostrar valor tangible obliga a vincular cada iniciativa con resultados de negocio.
Otro frente crítico es la cultura. El sector, tradicionalmente orientado a la eficiencia y el control, enfrenta el reto de evolucionar hacia modelos más ágiles, abiertos al riesgo y al aprendizaje continuo.
En este entorno, también crece la complejidad tecnológica. “Muchas de las soluciones simplemente no existen o están en fases muy inmaduras”, destacó Fernando Ruiz, Chief Technology Officer & Corporate Venturing Director, Repsol. Esto obliga a las empresas a asumir riesgos tecnológicos que antes evitaban y a tomar decisiones en condiciones de alta incertidumbre.
IA, descarbonización y ecosistemas
El estudio identifica un cambio de fondo en la forma de innovar. La digitalización, con la inteligencia artificial como habilitador, se posiciona como uno de los principales motores de eficiencia operativa y toma de decisiones.
Al mismo tiempo, la inversión se está reorientando hacia tecnologías vinculadas con la descarbonización, que ya concentran más del 35% del capital destinado a startups energéticas.
Entre las principales líneas de innovación destacan: Hidrógeno y combustibles sintéticos; captura y almacenamiento de carbono; electrificación y energías renovables; y digitalización industrial.
Este movimiento no responde solo a objetivos ambientales. También busca construir nuevas cadenas de valor y fortalecer la resiliencia frente a riesgos regulatorios y geopolíticos.
En paralelo, la innovación abierta se consolida como un eje estratégico. Las empresas ya no desarrollan solas: colaboran con startups, centros de investigación y socios tecnológicos para acelerar soluciones.
Hacia un nuevo sistema energético
El futuro del sector energético no se define por una sola tecnología, sino por la capacidad de integrar múltiples soluciones en un sistema cada vez más complejo. El estudio advierte que, para alcanzar la neutralidad en carbono en 2050, entre 50% y 70% de la tecnología necesaria aún no está disponible comercialmente.
En este contexto, la innovación deja de ser una opción y se convierte en una condición estructural para la evolución del sector. “El sector energético atraviesa una transformación profunda que exige una mirada integral: tecnología, personas y sostenibilidad deben avanzar de forma coordinada”, destaca Héctor Pinar, Global Head Energy & Utilities de NTT DATA.
Más que anticipar el futuro, la industria energética está obligada a construirlo en tiempo real, con nuevas capacidades, modelos de colaboración y decisiones estratégicas en escenarios de alta incertidumbre.
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Este artículo se publicó originalmente en la revista Energy21. ¡Consulta la edición completa!






