
El avance del nearshoring en México está redefiniendo no solo el mapa industrial del país, sino también la presión sobre su infraestructura energética.
Con una ocupación que ya supera el 90% en corredores estratégicos como la Zona Metropolitana de la Ciudad de México y el eje Monterrey-Saltillo, la demanda de energía confiable, competitiva y sostenible se ha convertido en un factor crítico para sostener el crecimiento industrial.
Este dinamismo responde al reposicionamiento de México dentro de las cadenas globales de suministro, impulsado por su cercanía con Estados Unidos y el marco del T-MEC. Sectores como el automotriz, electrónico y aeroespacial lideran esta expansión, con inversiones que superan los 9 mil millones de dólares en el caso automotriz y más de 2 mil millones en electrónica.
Energía, el nuevo cuello de botella
El crecimiento industrial ha trasladado el foco hacia la capacidad energética de los corredores. De acuerdo con Enlight, este entorno exige no solo disponibilidad de suministro, sino modelos que permitan eficiencia operativa y reducción de emisiones.
La presión ya no se limita a la infraestructura inmobiliaria, sino que se extiende a la necesidad de garantizar energía suficiente para nuevas plantas y expansiones industriales.
Autoconsumo y generación distribuida
Ante este escenario, comienzan a consolidarse esquemas como los Grupos de Autoconsumo, que permiten a varias empresas generar y compartir energía renovable en sitio.
Este modelo, junto con la ampliación de los límites regulatorios para generación exenta y la simplificación de trámites para proyectos de entre 0.7 y 20 MW, abre nuevas alternativas para que las empresas aseguren su suministro energético sin depender exclusivamente de la red.
Competitividad ligada a energía
La transición hacia modelos energéticos más flexibles y sostenibles se perfila como un factor determinante para la competitividad de los corredores industriales.
Más allá de atraer inversión, el reto será sostener el crecimiento con infraestructura energética suficiente, confiable y alineada con los criterios ambientales que exige la industria global.
En este contexto, la energía deja de ser un insumo operativo para convertirse en un habilitador estratégico del desarrollo industrial en México.
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