En México el tráfico puede quitarle a una persona casi nueve días completos al año en promedio; tan solo en la Ciudad de México y su zona metropolitana, los habitantes pierden 211 horas anuales por la congestión vial, un tiempo que podrían dedicar al descanso, la familia, el trabajo o cualquier otra actividad.
La congestión en 44 zonas metropolitanas del país representa un costo estimado en 203 mil 316 millones de pesos al año, de acuerdo con un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y la consultora Dat’s Why. La cifra representa el valor económico del tiempo perdido en los traslados, no dinero que las personas paguen directamente.
Para dimensionar el impacto, el monto equivale a 122% del presupuesto previsto para la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) en 2027, según la comparación del estudio.
Pero el costo no se distribuye de la misma manera entre quienes se mueven por la ciudad. Los usuarios del transporte público registran una pérdida promedio de 140 horas al año por congestión, frente a 94 horas para quienes utilizan un automóvil particular.
La diferencia también se refleja en el valor económico estimado del tiempo perdido: 7 mil 294 pesos anuales por usuario del transporte público, contra 4 mil 811 pesos para quienes viajan en vehículo particular.
En términos cotidianos, esto significa que quienes dependen del transporte público pueden destinar más tiempo de su día a trasladarse y tienen menos margen para atender otras actividades. El estudio no mide el gasto adicional que cada persona realiza en transporte ni el costo de todos los problemas de movilidad, sino el valor del tiempo perdido por los congestionamientos.
No solo la Ciudad de México enfrenta el problema
Aunque la capital destaca por las horas perdidas, otras ciudades también registran afectaciones importantes. En Oaxaca, el tiempo perdido por congestión llega a 175 horas al año por persona, mientras que en Puerto Vallarta alcanza 171 horas.
Puerto Vallarta, además, registra el mayor índice de congestión entre las zonas metropolitanas analizadas: sus viajes toman, en promedio, 84.2% más tiempo que en condiciones de circulación libre. El costo anual estimado por habitante asciende a 9 mil 974 pesos, el segundo más alto del análisis, por encima de Monterrey, con 8 mil 421 pesos.
La presión sobre las vialidades coincide con el crecimiento del parque vehicular. El informe reporta que los vehículos registrados aumentaron 37 por ciento en siete años, frente a un incremento de 5.08% de la población.
Más automóviles no son el único desafío. La seguridad y la cobertura del transporte público también afectan los desplazamientos. Según los datos citados en el reporte, 43.3% de sus usuarios se siente inseguro; entre las mujeres, la proporción llega a 51%. Además, uno de cada tres usuarios considera insuficiente la cobertura de autobuses urbanos, combis, microbuses y otros servicios similares para llegar a su hogar.
¿Qué propone el IMCO para reducir el tráfico?
Entre las medidas planteadas por el IMCO está realizar pruebas de cobro por congestión en zonas y horarios de alta saturación, así como aplicar políticas de estacionamiento.
La propuesta busca desincentivar el uso del automóvil en los puntos con mayor demanda y destinar los recursos recaudados a mejorar las alternativas de movilidad en esas mismas zonas.
El efecto de una medida de este tipo dependería de su diseño y de la disponibilidad de opciones para trasladarse.
Para quienes no tienen una alternativa viable al automóvil, un cobro podría representar un gasto adicional; por eso, la mejora del transporte público resulta relevante para que las políticas de reducción del tráfico no recaigan de manera desproporcionada sobre determinados usuarios.
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