
La batalla contra los vapores contaminantes en México no sólo depende de restricciones vehiculares, contingencias ambientales o programas de verificación, también se libra de forma silenciosa en cada estación de servicio del país, en donde la tecnología está dominando el proceso.
Mientras las ciudades mexicanas enfrentan episodios recurrentes de mala calidad del aire, los sistemas de recuperación de vapores comienzan a ganar protagonismo como una de las tecnologías menos visibles, pero más relevantes para contener las emisiones contaminantes derivadas del consumo de gasolina.
Cada vez que un vehículo carga combustible, la gasolina líquida desplaza los vapores acumulados dentro del tanque. Si esos gases no son recuperados, terminan liberándose a la atmósfera.
“Son compuestos orgánicos volátiles que, junto con los óxidos de nitrógeno y la radiación solar, generan ozono”, explica en entrevista Javier Mota, director General de Construcciones California, empresa especializada en sistemas de recuperación de vapores.
Ese ozono es precisamente el contaminante que hoy provoca la mayoría de las contingencias ambientales en el Valle de México y otras grandes zonas urbanas del país. Tan solo en abril de este año la presencia de ozono en la zona Centro de la Ciudad de México aumentó 11.3%, en donde se observaron hasta 118 partes por billón (ppb), mientras que un año antes se alcanzaron las 106 partes por billón.
Una mayor presencia de ese gas contaminante implica riesgos de padecer asma, conjuntivitis, otitis media aguda y enfermedad isquémica del corazón, este último debido a que el ozono es un componente oxidante que daña el sistema respiratorio y repercute en las enfermedades cardiovasculares.

Tecnología de punta
La tecnología de recuperación de vapores funciona casi como un circuito cerrado. Las pistolas despachadoras incorporan pequeños conductos de aspiración que, mientras cargan combustible al vehículo, succionan los vapores desplazados del tanque.
“Es prácticamente como estar cargando gasolina y aspirando al mismo tiempo”, describe Mota. Los vapores viajan por una doble manguera: por el interior circula la gasolina y por la parte exterior los gases recuperados, que regresan a los tanques de almacenamiento de la estación.
Cuando el tanque subterráneo se satura, el excedente pasa por sistemas térmicos que destruyen los vapores para evitar su liberación al ambiente. Además, las pipas extraen vapores acumulados y los llevan a terminales donde pueden condensarse y reincorporarse al combustible.
“Es una especie de economía circular de vapores”, resume el directivo. La relevancia de estos sistemas creció conforme aumentaron las alertas ambientales. Actualmente, las estaciones que operan en las principales zonas contaminadas del país están obligadas a instalar y mantener equipos de recuperación de vapores bajo estándares federales.

Regulación
La norma vigente aplica a unas 3,000 estaciones de servicio en Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Tijuana, Ciudad Juárez y zonas cercanas a refinerías como Tula, Salamanca y Coatzacoalcos. Sin embargo, el cumplimiento aún no es total.
“Más o menos como un 60% tiene instalados los sistemas y cumple en su totalidad”, reconoce Mota. El resto enfrenta costos de instalación, retrasos regulatorios o litigios. La presión aumenta, pues la regulación federal de 2018 está en proceso de actualización y podría ampliarse a nuevas regiones del país.
Las estaciones deben demostrar eficiencias superiores al 90% en recuperación de vapores y someterse a pruebas anuales realizadas por laboratorios especializados. La norma también obliga a realizar cuatro mantenimientos preventivos al año.
Las consecuencias por incumplimiento pueden ser severas. Durante contingencias ambientales, las estaciones que no acrediten el correcto funcionamiento de sus sistemas pueden ser obligadas a suspender operaciones de forma temporal.
Paradójicamente, el incentivo económico para los empresarios casi no existe. “Si estos sistemas generaran más dinero, nadie necesitaría una norma para instalarlos”, afirma Mota.
La recuperación de vapores es más una inversión ambiental que un negocio, por lo que su expansión ha dependido de la presión regulatoria y del deterioro de la calidad del aire.
Construcciones California conoce esa evolución: en 1995 instaló uno de los primeros sistemas en México, que aún opera en la capital del país. Tres décadas después, esta tecnología empieza a ocupar un lugar central en la estrategia contra el ozono.
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Esta nota se publicó originalmente en la revista Energy21 edición junio 2026. ¡Consulta la edición completa!


