
Tras seis años de restricciones a la inversión privada en el sector energético, el Gobierno federal cambia su estrategia y abre la puerta al capital bajo nuevas reglas. El Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030 contempla una bolsa de 5.6 billones de pesos, de los cuales 54.15%, más de 3 billones, se destinarán a energía, posicionando al sector como el principal receptor de recursos en el país con un monto nunca antes visto.
Luego de una política restrictiva heredada del sexenio anterior, la administración de Claudia Sheinbaum reconoce la necesidad de incorporar capital privado ante la caída de la inversión extranjera directa (IED). En exploración y extracción de petróleo y gas, la IED pasó de 892.1 millones de dólares al cierre de 2019 a un saldo negativo o desinversión de 205.9 millones en el cuarto trimestre de 2025. En electricidad, el desplome fue de 94% al pasar de 339.9 millones de dólares a apenas 75.3 millones en el mismo periodo, según datos de la Secretaría de Economía (SE).
¿Dónde está el dinero energético?
La apuesta es un modelo híbrido, ya que el plan contempla la instalación de nueva capacidad de generación eléctrica hacia 2030, el desarrollo de 100 proyectos de transmisión y una meta de producción petrolera de 1.8 millones de barriles diarios. Electricidad, gas, renovables y redes de transmisión concentran el grueso de las inversiones.
Sin embargo, la entrada de capital ya no es abierta como en la reforma energética de 2013. El nuevo esquema se centra en los llamados contratos mixtos, en los que Comisión Federal de Electricidad (CFE y Petróleos Mexicanos (PEMEX) mantienen el control de los proyectos.
En electricidad, la CFE busca detonar más de 11,000 millones de dólares en inversiones para desarrollar más de 9 GW, principalmente en energías renovables. Bajo este esquema, la empresa estatal conservará al menos 54% de participación accionaria y el control operativo, mientras que los privados construirán, operarán y aportarán capital.
El interés es elevado, pues más de 200 proyectos han sido presentados por la iniciativa privada, superando la capacidad objetivo inicial. “Las empresas empiezan a sentirse bienvenidas cuando la Presidenta dice que se necesita capital privado, eso manda un mensaje positivo y alentador, ya que el Gobierno no se da abasto”, afirma Astra Castillo, directora senior de Infraestructura y Financiamiento de Proyectos de Fitch Ratings.
En transmisión, uno de los segmentos más rezagados, se prevé la concreción de 19 proyectos por 7,826 millones de pesos bajo esquemas como Fibra E, con entrada en operación entre 2027 y 2028. La estrategia contempla una inversión total de 28,000 millones de dólares en el sexenio, donde por cada dólar público se busca movilizar hasta tres dólares privados.

PEMEX: producción con capital privado
En hidrocarburos, el modelo también cambia. PEMEX proyecta 21 contratos mixtos con inversiones de entre 17,300 y hasta 27,800 millones de dólares hacia 2030-2035. La meta es sumar hasta 450,000 barriles diarios adicionales en el largo plazo.
A diferencia de las rondas petroleras, el Estado mantiene la titularidad de los campos con al menos 40% de participación, mientras que los privados asumen el 100% del CAPEX y OPEX.
Ya hay resultados iniciales, pues siete contratos han sido adjudicados a empresas como Consorcio 5M del Golfo, Geolis, Petrolera Miahupán y GSM Bronco. Los contratos, con vigencias de entre nueve y 20 años, abarcan campos de crudo pesado, ligero y gas húmedo en estados como Tamaulipas y Tabasco.
Un mercado cauteloso
El rediseño del modelo energético ha reactivado el interés inversionista, aunque con reservas. “Hay apetito de capital, pero no somos el único país atractivo. Se necesita certeza jurídica y claridad en las reglas del juego, para que no estén cambiando constantemente”, advierte Astra Castillo.
“Hay posibilidades importantes de fondeo porque hay interés y apetito, además puede surgir el crédito privado donde las estructuras son más sencillas y tienen interés perfil de riesgo más agresivo”, abunda.
La cautela responde a un entorno regulatorio cambiante. “El flujo de inversiones no está detenido, está esperando. Necesitamos estabilidad en las políticas públicas”, apunta Carlos de María y Campos, experto de las prácticas de Energía y Proyectos de la firma Galicia.
En el segmento eléctrico, especialmente en generación distribuida y almacenamiento, comienzan a abrirse oportunidades. “Hay certidumbre en esquemas como generación en sitio, pero los grandes proyectos aún enfrentan cautela”, señala Mario Benítez Alado, director de Proyectos Estratégicos y MEM en Quartux México.
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Este artículo se publicó original mente en la revista Energy21. Consulta el artículo completo en la edición de mayo.






