El mercado ilegal de combustibles, particularmente el llamado huachicol fiscal, ha comenzado a perder terreno en México, lo que ha permitido una recuperación gradual del mercado formal, de acuerdo con actores del sector, opinó en entrevista el director general de Ginny Oil & Services, Miguel Ángel Sánchez.
El directivo señaló que las acciones implementadas por el gobierno han reducido de manera importante la presencia de este esquema, que consistía en la importación de combustibles sin el pago de impuestos.
“Sí era un tema complicado competir contra precios inexistentes”, afirmó, al recordar que el combustible ilegal llegó a venderse entre 18.50 y 19 pesos por litro, frente a precios de mercado de entre 22 y 22.50 pesos, una brecha de hasta tres pesos que desplazaba a los comercializadores formales.
Con el combate a estas prácticas, consideró, los clientes han comenzado a regresar al mercado regulado, privilegiando calidad, servicio y certeza en el suministro.
Presiones externas
Sin embargo, el entorno para el sector dista de ser favorable. El encarecimiento del petróleo a nivel internacional, impulsado por el conflicto en Medio Oriente, está presionando los precios de los combustibles en México, particularmente en el diésel y la gasolina premium.
“El impacto es directo y se traslada al consumidor final”, explicó Sánchez, al señalar que sus principales clientes, gasolineras y empresas de transporte, han resentido el incremento en costos.
En este contexto, el diésel se perfila como el principal foco de presión. De acuerdo con el directivo, este combustible, que representa cerca del 60% de su volumen de ventas, ha enfrentado el mayor encarecimiento desde el inicio de la guerra, por ello el Gobierno aplicó un tope de precio voluntario de 27 pesos por litro.
El escenario también pone en entredicho la sostenibilidad del acuerdo para contener los precios de la gasolina. A decir del empresario, este tipo de mecanismos enfrenta límites estructurales, al tratarse de un mercado global determinado por variables como el precio del crudo y el tipo de cambio.
“Es un commodity. No se puede controlar el precio de manera local sin generar distorsiones”, advirtió.
Ante este panorama, consideró que eventualmente será necesario revisar la política fiscal, incluyendo ajustes al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), para evitar presiones adicionales sobre empresas productivas como Pemex y sobre los consumidores.
El directivo también añadió que México mantiene una fuerte dependencia de combustibles importados, al abastecerse de proveedores como Valero, ExxonMobil, Shell y Repsol, lo que incrementa la exposición del mercado nacional a las fluctuaciones internacionales.
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