
El mercado mundial de baterías de iones de litio alcanzó en 2025 más de 150 mil millones de dólares (mdd), con un crecimiento superior al 20 % respecto al 2024, siendo los vehículos eléctricos el principal motor de esta expansión. Sin embargo, China concentra la producción en un 80%, lo que pone en riesgo la seguridad del suministro global, según conclusiones de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés).
Según la agencia, Europa y Estados Unidos dependen en gran medida de las importaciones de componentes chinos, lo que genera riesgos en las cadenas de suministro. Más del 70% de los vehículos eléctricos producidos fuera de China requieren baterías o piezas provenientes de ese país.

Los controles de exportación aplicados por China desde 2023 sobre materiales clave han acentuado estas vulnerabilidades. Además, señaló la agencia, la falta de inversión en cadenas intermedias en Europa y Estados Unidos limita la capacidad de diversificación. Los costos de producción en estas regiones son hasta un 50% superiores a los de China, lo que dificulta la creación de una industria que sea realmente competitiva.
Las baterías de iones de sodio aparecen como una alternativa emergente, con inversiones crecientes de los principales fabricantes. Sin embargo, casi toda la capacidad instalada y anunciada se encuentra en China, lo que mantiene la concentración geográfica de la producción y prolonga los desafíos en la seguridad del suministro global.
Caída de precios en baterías: punto clave
Entre las causas de esta implosión de las baterías de iones de litio se debe a una fuerte caída en sus precios en 2025, según explicó la IEA. El costo promedio se redujo un 8%, impulsado por mejoras en la fabricación y en la composición química, además de una mayor competencia global.
Asimismo, las baterías de fosfato de hierro y litio (LFP) jugaron un papel importante al reducir su precio en un 15% frente al 5% que registraron las baterías de óxido de manganeso, níquel y cobalto (NMC).
En promedio, las LFP fueron más del 40% más baratas, lo que permitió que representaran más de la mitad de las baterías en vehículos eléctricos y más del 90% en sistemas de almacenamiento energético. Sin embargo, muchos productores operan con pérdidas, lo que plantea riesgos de consolidación en un mercado dominado por China y con creciente presencia en economías emergentes.
La expansión de las baterías LFP y la caída en sus precios han impulsado su adopción masiva en vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento, pero la dependencia casi completa en China mantiene vulnerables las cadenas de suministro. Las alternativas existentes, como las baterías de iones de sodio, aún no logran diversificar la producción y prolonga los desafíos para garantizar estabilidad en un mercado clave para la transición energética.
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