México requerirá alrededor de 348 mil millones de dólares en inversión hacia 2035 para satisfacer su demanda de energía, una cifra que rebasa con creces la capacidad financiera del Estado y que obliga a detonar la participación del sector privado.
Rafael Scott, socio líder de la Práctica de Energía, Materiales y Sostenibilidad de McKinsey & Company, advirtió que el país no podrá cubrir por sí solo ese monto. De acuerdo con sus estimaciones, el sector público apenas podría aportar entre 150 mil y 160 mil millones de dólares en la próxima década, lo que deja un déficit cercano a la mitad de la inversión requerida.
“El tamaño del reto implica necesariamente esquemas de colaboración entre Gobierno e iniciativa privada”, plantea, en un contexto en el que México además compite por capital con economías como Brasil o mercados asiáticos.
Lejos de desaparecer, los combustibles fósiles mantendrán un peso estructural en la matriz energética. McKinsey estima que incluso hacia 2050 podrían representar más de la mitad del consumo energético en diversos países.
Durante su participación en Expo MEiH, el especialista dijo que en esa lógica, el petróleo no alcanzará su pico de demanda en esta década, como se anticipaba hace años, sino que seguirá creciendo hacia 2030 y se mantendrá estable durante las siguientes décadas.
El gas natural, por su parte, dejará de ser visto como un combustible de transición para consolidarse como un energético de largo plazo. En todos los escenarios analizados, aportará cerca de una cuarta parte de la energía global hacia mediados de siglo, impulsado por su papel como respaldo de las energías renovables.
En contraste, tecnologías que se perfilaban como disruptivas, como el hidrógeno, enfrentan retrasos significativos. Los costos siguen siendo una barrera y su despliegue masivo podría tardar entre una y dos décadas adicionales.
El mundo, en consecuencia, no transita hacia un modelo dominado por una sola fuente, sino hacia una matriz diversificada.
“Se van a necesitar todas las energías disponibles”, afirmó el experto de la consultoría.
En ese entorno, la presión no sólo proviene del lado de la oferta, sino también de la demanda. El consumo global de electricidad se acelera impulsado por nuevos usos intensivos como centros de datos, inteligencia artificial y electrificación del transporte, lo que empieza a generar cuellos de botella en distintos sistemas eléctricos.
Adiós al Acuerdo de París
Al mismo tiempo, el panorama climático se complica. De acuerdo con las proyecciones de la firma, el mundo no alcanzará las metas del Acuerdo de París.
Incluso en escenarios optimistas, el calentamiento global superaría los 1.8 grados Celsius, mientras que en una trayectoria inercial podría acercarse a 2.7 grados.
Para México, el desafío es doble. Por un lado, debe cerrar la brecha de inversión para sostener su crecimiento energético; por otro, debe hacerlo en un contexto donde su matriz sigue fuertemente anclada a combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.
El país parte, sin embargo, de una posición privilegiada, pues cuenta con amplios recursos fósiles, potencial en energías renovables, particularmente solar, y acceso a gas natural competitivo desde Estados Unidos. A ello se suma una oportunidad estratégica en el mercado de gas natural licuado, donde podría convertirse en plataforma de exportación hacia Asia.
Pero capitalizar ese potencial dependerá de la capacidad de atraer inversión, desarrollar infraestructura y definir reglas claras, añadió el experto.
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