
El sargazo vuelve a presionar al Caribe mexicano con una temporada anticipada y de alta intensidad. La UNAM estima que este año podrían acumularse 40 millones de toneladas métricas de biomasa en el Atlántico, por encima de 2025, y prevé mayor arribo a Quintana Roo, donde el año pasado se registraron alrededor de 90,000 toneladas.
De acuerdo con la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente estatal, al 6 de julio de 2026 se habían recolectado 79,476.56 toneladas en municipios costeros. Playa del Carmen concentró 28,455.21 toneladas y Benito Juárez, donde se ubica Cancún, 19,626.43.
El problema no es solo ambiental, sino económico. Lorenzo Vianello, presidente de la Cámara de Comercio Italiana en México, señaló que el gobierno recoge cerca de 5% del sargazo recolectado, mientras que el 95% restante lo asumen hoteleros, con un gasto cercano a 130 millones de dólares al año.
“Es un daño económico brutal”, alertó el líder cameral durante el panel Consorcio para la economía circular y la gestión del sargazo: una colaboración México–Italia para transformar desafíos ambientales en oportunidades sostenibles. La propuesta busca cambiar esa lógica: pasar de retirar un residuo costoso a construir una cadena de aprovechamiento.
En el encuentro se explicó que junto con The Seas We Love, un hub estratégico vinculada a los hoteleros de Quintana Roo, se han explorado usos para convertir el sargazo en vasos desechables, cajas de transporte, paneles, insumos cosméticos, fertilizantes y energía para hoteles.
Una cadena México–Italia
La iniciativa toma como referencia el modelo italiano de consorcios, donde empresas con distintas especialidades se integran para resolver una necesidad común. En este caso, la propuesta busca articular compañías mexicanas e italianas para cubrir todo el ciclo del sargazo: monitoreo, recolección, pretratamiento, separación, transformación industrial, generación energética, trazabilidad y certificación ambiental.
El proceso iniciaría antes de que el sargazo llegue a la playa. Quintana Roo cuenta con cerca de 900 kilómetros de costa y el arribo ocurre por un corredor marítimo de 80 a 90 kilómetros. Interceptarlo en el mar permitiría evitar su mezcla con arena, reducir costos de tratamiento, proteger playas y conservar un activo clave para el turismo.
Tecnología para anticipar y recolectar
Techexperts, una de las empresas italianas participantes, explicó que cuenta con tecnología de drones, sensores, inteligencia artificial y algoritmos para monitorear, analizar y prever el movimiento del sargazo. Su propuesta incluye drones con recarga automática, cámaras para detectar clorofila, sensores térmicos, lectura de viento y temperatura, operación simultánea de equipos y una torre de control para integrar datos en tiempo real. El objetivo es orientar a las embarcaciones hacia los puntos de recolección más eficientes.
La colecta estaría a cargo de Garbage Group, líder en Europa en recolección de residuos en ríos y mares. Su sistema Pelikan opera con barreras, embarcaciones eléctricas, robots sobre agua, drones y apoyo satelital. La empresa también planteó ensamblar embarcaciones en México, lo que abriría oportunidades de formación técnica, academia e industria.

Del sargazo a nuevos productos
Una vez recolectado, el sargazo pasaría por lavado, recuperación de arena, pretratamiento y separación. Al existir distintos tipos, sus componentes pueden aprovecharse de forma diferenciada en industrias como construcción, química, hotelería, fertilización o cosmética. También existen procesos para estabilización química, materiales absorbentes, biofertilizantes y materiales de construcción.
KIMA EKO participaría en la parte energética del ciclo. La empresa presentó una tecnología de biogasificación basada en láser, con experiencia en el aprovechamiento de distintos residuos. La propuesta es tratar la fracción final del sargazo, aquella sin valor comercial para otros usos, para gasificarla y obtener energía que mantenga activo el proceso.
Sin embargo, su aprovechamiento energético es complejo, pues por sí solo apenas genera energía suficiente para operar las plantas. Por ello, se plantea combinarlo con residuos sólidos de mayor poder calorífico, en una mezcla donde el sargazo represente entre 25% y 30%, siempre que la regulación ambiental lo permita.
Trazabilidad y créditos naturales
NAT5 funcionaría como el componente de certificación y valor ambiental. c, CEO de la empresa mexicana, explicó que su infraestructura permite transformar impactos positivos de proyectos en activos naturales con valor ambiental, financiero y reputacional. También puede certificar créditos de agua, suelo, carbono y biodiversidad, además de medir y monitorear impactos sobre servicios ecosistémicos.
En el caso del sargazo, NAT5 busca cuantificar los impactos positivos del consorcio en biodiversidad, agua, suelo, carbono y servicios culturales, para integrarlos como créditos dentro del sistema turístico. La propuesta también considera trazabilidad digital para seguir el material desde su origen hasta su destino final, así como infraestructura terrestre para recibir el sargazo, construir muelles, plantas, caminos y zonas de procesamiento.
El consorcio aún deberá avanzar hacia licitaciones, permisos y financiamiento. La tecnología italiana podría contar con apoyo de SACE, la agencia italiana de crédito a la exportación, mientras que los hoteleros podrían participar como socios al aportar el material que hoy ya pagan por retirar y, eventualmente, recomprar productos derivados. La apuesta es convertir un problema costoso en una cadena circular capaz de generar materiales, energía, créditos ambientales y nuevas capacidades industriales entre México e Italia.
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Este artículo se publicó originalmente en la revista Energy21 de julio 2026. ¡Consulta la edición completa!






