
La reapertura del estrecho de Ormuz tras el acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán no implicará un regreso inmediato a la normalidad, ya que el tráfico marítimo podría tardar hasta dos semanas en recuperar un flujo significativo, según un análisis de Grupo Financiero Base.
“Riesgos operativos y logísticos que siguen limitando la navegación en uno de los puntos más estratégicos para la energía global”, señala la entidad financiera en un análisis.
A pesar del anuncio del presidente Donald Trump sobre una reapertura rápida, operadores y autoridades reconocen que aún existen obstáculos relevantes, como la posible presencia de minas marítimas, la falta de claridad en los términos del acuerdo y la necesidad de garantizar condiciones de seguridad para las embarcaciones.
Navieras y aseguradoras han advertido que no reanudarán operaciones de forma plena sin certidumbre sobre la seguridad en la zona, donde se han registrado ataques y donde cientos de buques permanecen varados desde el inicio del conflicto.
Además, expertos del sector señalan que la normalización total del flujo energético podría extenderse mucho más allá de ese plazo inicial. La limpieza de minas, la reorganización del tráfico marítimo, con más de 500 barcos esperando tránsito, y la reparación de infraestructura dañada podrían prolongar el proceso por semanas o incluso meses.
Un cuello de botella clave para la energía global
El estrecho de Ormuz es el principal chokepoint energético del mundo. Por él transita cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado global, lo que lo convierte en un termómetro inmediato del mercado energético internacional.
Durante el conflicto, el flujo se redujo drásticamente, con niveles de tráfico hasta 90% por debajo de lo habitual, generando una de las mayores disrupciones energéticas en décadas.
Aunque ya se observan los primeros movimientos de buques tras el acuerdo, el mercado mantiene cautela ante la posibilidad de interrupciones adicionales o retrasos en la normalización.
El mercado energético reacciona con volatilidad
La expectativa de reapertura ha generado una caída relevante en los precios del crudo. En los últimos días, el petróleo ha registrado descensos cercanos a 19%, reflejando que el mercado ya descuenta una eventual estabilización del suministro.
Sin embargo, esta corrección convive con un entorno de alta incertidumbre. Analistas advierten que la recuperación del flujo energético no será lineal, ya que dependerá de factores logísticos, de seguridad y de coordinación internacional para garantizar la navegación segura.
En paralelo, el gas natural también ha mostrado ajustes a la baja en Europa, mientras que los metales preciosos, como el oro, mantienen una tendencia al alza, reflejando la persistencia de aversión al riesgo en los mercados.
Impacto en México: presión indirecta vía tipo de cambio y energía
Para México, Banco Base señala que el principal efecto se transmite a través del tipo de cambio y de los precios energéticos. El peso ha mostrado estabilidad en las últimas sesiones, apoyado en un dólar débil, pero sigue expuesto a la volatilidad global derivada del conflicto en Medio Oriente.
El comportamiento del petróleo también tiene implicaciones fiscales y comerciales. Si bien una caída en los precios puede aliviar presiones inflacionarias, también reduce ingresos petroleros, mientras que la incertidumbre en el suministro global mantiene riesgos latentes para los costos energéticos.
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